Frases célebres: Ahí, con dos cojones (cohones, coones)

2008 Agosto 18

En mi otro piso hace más de 20 años, una tarde cualquiera, jugando con mis hermanos a los indios de plástico. Mi hermano mayor, que tendría 7 u 8 años, me dice que mire en la bolsa de las pinzas de la ropa a ver si hay indios (cosas de las madres y las abuelas), yo miro, y no hay. Él coge la bolsa, aparta unas cuantas pinzas, me enseña los indios que hay debajo y me dice: “¿Ves?, las apariencias engañan”.

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En clase de ciencias naturales en 1º de BUP, era ya final de curso y habían dedicado varios días de clase a darnos información sobre el SIDA. En aquella época, mi instituto era muy relajado, cada uno entraba y salía cuando buenamente le parecía y las F(altas) del parte, que estaba en la mesa del profesor, se transformaban fácilmente en R(etrasos). Pues bien, aquellas jornadas informativas no eran parte del programa, así que eran (vox populi) voluntarias.

A mitad de la mañana se abre la puerta y entra como si tal cosa mi amiga Huma, da los buenos días y toma asiento en su lugar de costumbre. La profesora, ojiplática ella, pregunta a Huma si acaso esas son horas de llegar, a lo que Huma, fresca como una lechuga, contesta: “Por lo menos he venido, que no tenía intención ninguna”.

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Piso de estudiantes en Granada, allá por 2003. Mi compañera, que era una muchacha monísima pero que provocaba una subida de los alimentos básicos cada vez que hablaba, se esforzaba en expresarse de manera más neutra (y comprensible, al menos para mí), pronunciando todas las consonantes que podía, y no sólo las vocales. Un día como otro, estaba hablando con su madre por teléfono. Reproduzco (más o menos) lo que me llegó:

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-         Hoy he comido conejo, mamá.

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-         Conejo, Mamá.

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-         Que comío coneho, mamá, ¡¡coneho!!

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-         Mamá, ¡¡co-ne-ho!!

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-         Coneo, mamá, ¡CONEO!

-         …

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Piso de estudiantes en Granada, allá por 2004. El novio de mi efímera compañera de piso Jessy, que viene de hacerse pruebas en el hospital, nos cuenta que le han detectado unas manchitas en uno de los pulmones y que va a tener que dejar de fumar. Mi otra compañera de ese curso, el Elefante, fumadora declarada de dos cajetillas de Fortuna 25 al día: “Jaja, ¡pringao! ¡Eres un pringao!”.

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  1. 2008 Agosto 26

    ¡Lo que me he reído con el Conejo! Mu weno, que diga muy bueno.

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