Desvaríos de una mente desocupada

Boceto

Si no sé escribir ni un párrafo no sé por qué me pongo a intentarlo. No basta con tener una idea, hay que saber escribirla, y hasta ahora no he demostrado saber hacerlo.

Puedo intentar contar la historia de una persona que, tras una experiencia vivida en la juventud o en la adolescencia tardía, regresa de un viaje convertida en una desconocida para sus amigos y familiares. Que esta persona pasa años y años sin querer contar le a nadie lo que le sucedió aquel verano que pasó sola viajando por ni se sabe donde.

Supongo que podría comenzar la historia contando la conmoción que el regreso de la protagonista supone entre sus conocidos, que no alcanzan a comprender que ha sido de la chica alegre y despreocupada que se marchó dos meses antes con una mochila en la espalda, poco dinero en el bolsillo y una gran sonrisa en los labios. Podría incluso comentar la decepción sufrida por el sobrino de la susodicha al comprobar que no le traía ningún recuerdo para su colección, pero esto sería buscar el lagrimeo tonto y la verdad es que quedaría bastante cutre.

Podría, por ejemplo, una vez que he introducido todo este asunto, contar cómo la gente va despegándose paulatinamente de la protagonista, a la que tratan con cariño y felicitan por su cumpleaños, pero con la que no cuentan prácticamente para nada (aquí podría indicar que con el paso de los años los únicos acontecimientos sociales a los que la invitan son funerales, de las pocas situaciones sociales en las que se siente cómoda, de hecho, la única situación social en que es la única persona que se siente cómoda).

Si entrara un poco más en detalle en el transcurso de la vida de la protagonista supongo que, como ya he hablado de sus amistades y familia (aunque sea grosso modo), debería hablar de cómo vivía y de lo que hacia para ganarse la vida. Se me ocurre por ejemplo que, siendo una persona taciturna y melancólica, no le fue fácil encontrar trabajo, aunque alguno que otro tuvo. También sería curioso mencionar que en los trabajos que tuvo, aunque nunca causó problema alguno, no duró mucho tiempo, porque sus empleadores, aunque contentos con su trabajo, le tenían más bien miedo. Para que la pobre no sea una desgraciada que no tiene donde caerse muerta, podría decir que finalmente encontró un trabajo que se ajustaba a sus necesidades, uno que le permitía trabajar desde casa (se me ocurre traductora, o diseñadora gráfica que está como de moda, o algo así).

Supongo que la descripción del personaje no deja ninguna duda con respecto a su soltería, así que no creo que merezca la pena mencionar que la mayor parte de su vida la ha pasado sin compañía masculina o femenina conocida y que a ella no parecía importarle en absoluto (más bien se notaba que le agradaba).

Finalmente podría contar cómo la protagonista, ya vieja, de repente un día se sienta delante de su ordenador y comienza a escribir su historia, y cómo el resultado de eso es un documento de unas 150 páginas en las que cuenta con pelos y señales. Se me ocurre que en un momento dado alguien pasa a verla para comunicarle el nacimiento del nieto de alguien, y se apercibe de la presencia del manuscrito sobre la mesa (¿se dice manuscrito cuando está escrito a ordenador, o debería decir el taco de hojas impresas?) y sugiere a su autora que debería dejárselo leer.

Llegados a este punto, no sé si la protagonista debería simplemente acceder a dejárselo, como si fuese la cosa más natural del mundo, o si el invitado debería robarlo. Personalmente la idea del robo no me convence demasiado, así que supongo que lo más acertado será dar permiso al visitante para hacerlo. Para que no parezca un cambio demasiado llamativo en la personalidad de la protagonista, podría indicar, al llegar el visitante, que éste observa un brillo peculiar en los ojos de su anfitriona y que, aunque lo achaca bien a una gripe tardía, o a una alergia primaveral prematura, podría ser algo de alivio al verse descargada un poco del peso de sus recuerdos.

El visitante, tras leer el documento, podría interpelar a la protagonista para que intentase publicarlo o, de no querer hacerlo ella, que le permitiese a él mover un poco la novela por alguna editorial donde quizás pudiese tener un contacto y quizás, ante la insistencia del amigo, ella terminase por darle permiso.

Y para acabar, podría rematar la historia contando como el libro tuvo un número de ventas relativamente importante tras ser publicado, por expresa petición suya, como de autor anónimo.

Después se me ocurre que podría dejar un hueco grande en blanco, o poner un separador con asteriscos o similar, y escribir que, tras haber autorizado al editor a alterar el nombre de la protagonista (y autora) del texto, en realidad, aparte de su memoria, no queda nada ni nadie que la una a esa historia. De este modo la protagonista, vendida su identidad, deja de existir.

Algo así.

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2 thoughts on “Boceto”

  1. Vamos a ver, si te estás inventando la historia yo ya estoy en situación y tú ya estás tardando en contarla (que ansio en deseos de saber qué le pasó en aquel viaje) y si además, guarda relación con algún libro o personaje real tienes que dar más datos.

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