Desvaríos de una mente desocupada, Once upon a time, Personal

La Educación Física (que no gimnasia)

Válgame el tópico, recuerdo aquel día como si fuese ayer, lo que no recuerdo es exactamente cuándo fue, ni todo lo que sucedió (a todo esto, ¿qué he comido hoy?).

Andaríamos por los 14 ó 15 años, en algún punto intermedio entre el día en que, al quitarme la sudadera en el gimnasio del instituto, estuve a punto de sacarme también la camiseta, y aquel otro en que tropecé con el minitramp al ir a saltarlo, obteniendo como recompensa un morado del tamaño de Groenlandia en la cadera (sí, soy ancha, pariré con facilidad, espero) y una laguna mental que ni la peor de mis borracheras ha conseguido igualar. Como decía, en un momento entre esos dos días se cernía sobre mí la sombra de ser (una vez más) la vergüenza de la clase de Educación Física. Obviamente yo no lo sabía, de haberlo sabido me habría quedado en casa o habría fingido cualquier dolor, pero no lo sabía, y la joven cándida y entusiasta que era entonces, estaba deseosa de participar en las jornadas de acercamiento a las actividades deportivas para discapacitados que el Instituto nos había organizado.

(No me acuerdo del ambiente que se respiraba aquel día, así que me lo invento) A la alegría que suponía para casi todo el mundo el simple hecho de salir de las aulas, se le sumaba el jolgorio de hacer algo diferente, así que puedo decir sin lugar a dudas que el ambiente que reinaba aquel día entre los alumnos de 2º (creo) era jolgorioso a más no poder.

El profesor (nótese la minúscula, el Profesor era otro) nos explicó las actividades en las que participaríamos por turnos: volleyball sentados en el suelo, baloncesto en silla de ruedas, fútbol sala con los ojos vendados y un balón con cascabeles, y atletismo con los ojos vendados y un lazarillo. En aquel momento, pecando de vaga, cómo no, la opción del atletismo me pareció la más accesible, por eso de que no era necesario confiar en tus sentidos, sino en la persona que te guiaba.

Siempre he sido muy confiada, y algún palo que otro me he llevado. Aquel día fue literal.

Recuerdo que ibas a mi lado dándome indicaciones, simplemente andando al principio (para ir cogiendo confianza, ¡juas!), hasta que en un momento dado me dijiste que “¡corre!” y yo eché a correr como un gamo, cogiendo todo el impulso que pude y, antes de haber dado la segunda zancada, me choqué de frente con una de las porterías y caí al suelo, de espaldas, y sin aire. Supongo que quisiste darme la oportunidad de acercarme más que los demás al deporte para discapacitados.

Me quedé sin jugar al volleyball desde el suelo (y se me chafó la nariz).

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1 thought on “La Educación Física (que no gimnasia)”

  1. Parece que de palos anda el juego…pues sí, aprendemos a vivir jugando.
    Jojojó. Yo presumo de haber sido testigo del accidente de la portería (y, créeme, sigue siendo espectacularmente gracioso). Tú no podías verlas venir porque llevabas una venda (y ya sabemos lo q tienen las vendas) pero seguro que te estás imaginando a ti misma y te estás riendo… porque, además, aquel año el ambiente sí era jolgorioso, fue el único año que caímos todos en la misma clase, teníamos a Moisés…ay!, lazarillo patoso, qué torpe fuiste!

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