Desvaríos de una mente desocupada, Personas (y animales) sorprendentes

The Cow Shit Chronicle

Hacía ya rato que había empezado a templarme, estaba más relajada, me adaptaba a mi nueva forma y poco a poco iba dejando de echar humo. Aquel parecía un sitio agradable, lleno de compañeras como yo, de varias edades, al aire libre, no sé, me daba una buena sensación, me gustaba. Intenté hablar con mis compañeras, pero me miraban recelosas, como con miedo, incluso una anciana susurró que sobre el lugar donde yo estaba  pesaba una maldición. ¡Cosas de la sequedad!, pensé yo, y decidí echar una cabezadita antes de socializarme…

En mis sueños volví a mis orígenes, soñaba con largos tubos oscuros, abarrotados de gente como yo, esperando pacientemente entre bromas y bailes el esperado momento de la salida. En sueños reviví el único y grandioso salto, el que te hace ser quien eres, grande, o pequeña, el que da forma a tu carácter, y a todo lo demás. En eso estaba cuando noté un olor extraño y un golpe en la espalda con un objeto frío, abrí los ojos espantados y vi con pavor que estaba volando. Yo no estaba preparada para eso, no era parte del destino universal de los de mi especie, pero ¿qué podía hacer?

En este momento de la historia las cosas se tornan un poco confusas, recuerdo verme atrapada, envuelta con un material extraño y sólido (más tarde descubriría que se trataba de una bolsa), pero que me permitía ver el exterior ¡había sido secuestrada! la señora seca tenía razón, y yo había pecado de inocente al no creerla.

Tras unos primeros instantes de pánico debidos sobre todo a la ingente cantidad de cambios de forma que estaba sufriendo (nos desplazábamos a gran velocidad en algún tipo de dispositivo móvil) me relajé y pude observar que no era la única en la misma situación. Pude distinguir a varias compañeras, e incluso creí reconocer a una de mis hermanas (alguna de ellas era tan joven, que hasta sus bolsas estaban empañadas porque todavía no había dejado de echar humo…).

De repente, parón en seco (y nuevo cambio de forma, a estas alturas ya empezaba a notar que cambiaba hasta mi consistencia), terrible luz cegadora, alguien me agarra y echo a volar de nuevo hasta que con brusquedad me sueltan en una superficie muy fría y dura, algo como un mostrador.

– Buenos días, quería presentar este documento, y acompañarlo con esto (dedo que me señala).

– ¿Disculpe? ¿Eso es lo que parece?

– Sí, señora, es mierda. Mierda de vaca. Y quiero presentarla porque las vacas no me dejan vivir, están ilegalmente al lado de mi casa, y mi familia y yo no podemos descansar.

– Entiendo, caballero, pero, la verdad, yo no sé si estoy obligada a dar entrada a “eso”, y la verdad es que si no lo estoy, preferiría no hacerlo.

– Me hago cargo, señora. ¿Podría usted hacer el favor de consultar a algún superior?

– Mi jefe no está ahora mismo, pero si quiere puede volver dentro de un rato…

– Bueno, entienda que con esto en la mano no me van a dejar entrar a tomar café en ningún lado. Además, tengo un poco de prisa. Todavía tengo que ir a un par de organismos oficiales más, y a llevar a mi señora a las rebajas, que se lo he prometido.

– Ajam, bueno, voy a ver qué se puede hacer. Enseguida vuelvo… Esto, disculpe, la… “eso”… vendrá seca, ¿no?

– No señora, cogida de anoche mismo.

– ¡Vaya por dios! Humeante y todo…

Llegados a este punto, he de decir que me sentía fatal, era el objeto de todas las miradas, y la gente hasta se reía de mí. Me llamaban mierda embolsada y me señalaban con el dedo. Decían que olía mal… ¡se ve que ellos no se habían olido a sí mismos!

– Perdone, que me dicen arriba que si insiste, le doy entrada a eso que trae. Aunque de todos modos ya le digo que no creo que aquí tengamos competencia para solucionar su problema.

– Entienda señora, que tanto yo como mi familia estamos desesperados, vivimos rodeados de moscas y mosquitos, y el olor es insoportable en invierno, así que figúrese ahora en verano

– (Mirándome de reojo) Créame que me hago a la idea de lo del olor…

– No, señora mía, discúlpeme pero no se está haciendo a la idea en absoluto, esto que está oliendo usted aquí es Channel comparado con cómo huele mi casa. Está usted invitada a venir cuando quiera con su familia.

– Se lo agradezco, pero voy a declinar su oferta. Me limitaré a darle entrada a su… “eso”.

– Pues muchas gracias, y hasta otra.

– Que espero que no sea pronto, no se ofenda…

Nosotras somos de naturaleza tranquila, no nos gusta el ajetreo ni ser el centro de atención, y el ajetreo de aquel día me tenía agotada, así que me dormí.

Cuando desperté estaba de nuevo en un lugar cálido y oscuro, rodeado de extraños que me miraban sorprendidos, y ¡oh, sorpresa! mi bolsa estaba empezando a abrirse….

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Más información y otro punto de vista aquí, y aquí.

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Curiosidad y fuente de inspiración a partir del minuto 8:07.

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Mucho ánimo a Francisco con su historia, y muchas gracias a mi mami por contármela.

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