Cámara en mano, El síndrome de las manos inquietas, Personal

Compensando

Ayer tuve una tarde de las que no se olvidan. Con mucho sueño y más dolor de cabeza hice de tripas corazón y me fui a clase de ruso… para llegar y encontrarme que no había nadie. Mientras me dirigía a coger una bici para volver un “amable señor” me dio un bastonazo en el culo, no sé si para comprobar si estaba firme, o para indicarme que lo tengo demasiado gordo, a saber, y durante el camino de vuelta, cada vez que subía un escalón, la puñetera carpeta (en la que por cierto se había cagado un pájaro) salía volando de la cesta de la bicicleta, obligándome a parar una y otra vez.

La compensación es que por fin pude estrenar el bolso que tenía empezado hacía semanas y que, por falta de tiempo y de máquina de coser, aún no había podido terminar…

Bolso naranja

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