Cámara en mano, El síndrome de las manos inquietas, Personal, Personas (y animales) sorprendentes

Oh! un bolso

A veces soy como un niño sin juguetes, que no sabe jugar, y cuando cae alguno en sus manos, lo rompe.

Me ocurre a mí con el tiempo libre, después de tres meses sin tener un solo fin de semana para mí, este viernes me tocó uno para el que, entre unas cosas y otras, no tenía planes. Y mira si seré tonta que, aun sin comerlo ni beberlo las cosas salen redondas, con visita de amigos incluida, y yo no tengo nada mejor que hacer que acostarme con remordimientos…

En fin, no se puede ser más desastre.

Esta mañana me he levantado sin ganas de hacer el vago, así que nada más desayunar (kiwi amarillo, mmm) he aprovechado la tela que compré en la improvisada visita a Ikea de ayer tarde para ponerme manos a la obra adaptando un bolso al que le tenía el ojo echado desde hacía un tiempo.

Y bueno, el resultado es el siguiente, aunque a las horas que son ya no hay buena luz y la foto es un poco regulera. Otro día le haré fotos nuevas y la cambiaré 🙂

Oh! un bolso
Será amor de madre, pero la verdad es que me trae loca

Suerte del Opencor, que está abierto, y me da la excusa para salir y estrenarlo. ¡Voy a comprar una lata de aceitunas!

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