Desvaríos de una mente desocupada, Personal, Visicitudes de una tejedora novata

Visicitudes de una tejedora novata (i)

De China a Inglaterra sin salir del barrio

Al principio todo es fácil, vas a los grandes bazares que hay últimamente en todas partes, compras una lana “preciosa”, una aguja que parece que tiene buena pinta, y listo. Bufando un poco, consigues hacer una bufanda, o excesivamente larga o excesivamente corta, con un calado seguramente inesperado y no necesariamente recta.

Pero es algo, es un comienzo, y no te rindes, sigues visitando el bazar, para comprar más cositas, intentas hacer algo “más complejo”, quizás un bolso, con un asa, eso sí, que se extiende más allá de los límites de lo imaginable. Pero esto no es problema, es algo que realmente se puede usar, la longitud creciente del asa se soluciona con un nudo en un extremo, glamour elevado a la máxima potencia.

Un día, al entrar en una gran superficie cualquiera, descubres que tienen una sección de mercería que ignorabas completamente. “Ésta es la mía”, piensas mientras te frotas las manos, ahí puedes comprar y que parezca que sabes lo que estás haciendo, no necesitas saber cómo se llaman las cosas ni para qué sirven, basta con que se las acerques a esa señora tan atenta que espera junto a la caja. Así, te haces con un pequeño alijo (que luego descubrirás que también se  llama stash), de ovillos sueltos de lana, agujas auxiliares, agujas laneras, cuentavueltas,  coges básicamente un poco de todo lo que haya por allí, con la firme intención de investigarlo más tarde (¿tu abuela, tu tía, la vecina? ¡alguien sabrá para qué sirve esa especie de imperdible gigante!).

El siguiente paso para ti es natural, el mundo de los bolsos y las bufandas se te ha quedado pequeño, y es el momento para levantar el vuelo: las revistas de patrones. No hay muchas, es cierto, pero algo es algo, y el día menos pensado, caes rendida ante un jersey que realmente no parece muy difícil. Te armas de valor, vas a la tienda de lanas que llevas viendo toda la vida revista en mano, y señalas con el dedo: “quiero hacer esto”, y vuelves a casa, con ganas de empezar a tejer, pero asustada por el dineral que te has dejado en lana (¿no sale más barato comprarlo hecho? sí, pero el modelo que te gusta no lo tienen en las tiendas, recuerda).

Si eres de las que no desisten después de este primer fracaso (sí, el jersey es un fracaso, te pongas como te pongas no te va  a servir ni para estar por casa), es posible que a estas alturas decidas que necesitas ayuda, y tires bien de familiares o amigos, bien de Internet. Buscas que haya en tu ciudad un grupo de personas que se reúna de vez en cuando para tejer, (¿quién sabe?)  y saltando de blog en blog, encuentras Ravelry.

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7 thoughts on “Visicitudes de una tejedora novata (i)”

  1. ahh, cuanta veces la lana me intentó enganchar, con esos colores llamativos, esos generos suaves que piden acariciar… Pero ni una simple bufanda soy capaz d acabar, me aburro, eso de dar vueltas y mas vueltas hasta que se hace lo suficiente para que parezca lo que intentas que sea, eso no va conmigo. soy una emprendedora, pero nunca acabo.
    Genial que formeis un club, pero de vez en cuando dejar entrar a las que los intentan, porque la conversacion entre vuelta y vuelta ha de ser lo mejor.
    Un saludo

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    1. Lo mío con la lana siempre ha sido una pelea, entre las ganas de hacerlo bien y la absoluta falta de paciencia… pero se ve que o las personas cambian o se adaptan a lo que les toca, y de un tiempo a esta parte me encuentro mucho más paciente (y silenciosa) y capaz de sacar adelante algún que otro proyecto siempre que la cosa no se tuerza demasiado…

      Y lo de los clubs, el mío, bueno, el de las chicas con las que tejo, siempre está abierto para todo aquel que quiera echarle un tiento, por novato que sea, a esto de tejer. Te invito a pasarte, aunque me temo que quizás Sevilla te pille demasiado lejos…

      Un saludo 🙂

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  2. Esto es como cuando compras un pez y una pecera de 1 litro; luego descubres que el pobrecillo necesita más espacio, así que compras una pecera más grande, y con ella vienen los filtros, bombas, plantitas y demás accesorios.
    Las lanas, ahí donde las ves con sus colores y texturas tan bellas; no son nada inofensivas porque te obligan a toda una vorágine de compras de herramientas que ni sabías que existían.

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