La pregunta de sus ojos

Cuando conseguí la tarjeta de la biblioteca me hice el propósito de, dentro de lo posible, no comprar más libros, por la sencilla razón de ahorrarme el mismo problema a corto y a largo plazo; a corto en cada mudanza futura a la que nos aboque esta ciudad, y a largo en la altamente probable mudanza transfronteriza cuando nuestro paso por aquí termine.

Desde ese momento sólo he faltado a mi voluntad de no comprar una vez, por circunstancias excepcionales, el día que me hice con el innombrable libro del perro que no habla, como reza su contraportada, sino que piensa, a secas. Semejante compra no ha hecho sino reforzar mi compromiso con la biblioteca pública, abierta a devoluciones de libros inacabados siempre que las palabras se me atraganten.

Lo malo y bueno a la vez de la biblioteca es que, obviamente, el surtido de libros en español es relativamente escaso, con lo que me toca ser un poco indiscriminada a la hora de escoger mis lecturas.

Así, saqué hace unas semanas El secreto de sus ojos, la novela de Eduardo Sacheri en la que se inspiró Campanella para la película. Y si la película me gustó, el libro me ha encandilado de tal manera que me da hasta pena devolverlo  la biblioteca.

A los que no hayáis visto la película, os recomiendo que leáis el libro: porque la historia es bonita, larga y entrañable, y porque está escrito con recreo y es fácil, y aconsejable, perderse entre líneas.

A los que la hayáis visto, también os lo recomiendo: no sólo por lo anterior, sino porque, a pesar de la historia ya contada, la novela todavía esconde sorpresas.

Y lo mismo que me deshago en halagos para el libro, también aprovecho para quejarme de las editoriales, Alfaguara en este caso, que aprovechan el éxito de una película para convertir la novela que la inspiró en un burdo producto de márketing, colocando a los actores en la portada del libro (¡y en este caso hasta cambiándole el título original por el de la película!), en un afán por llamar la atención que me parece cutre y un poco barriobajero -llamadme exagerada, pero cuando veo un libro deshonrado de esa forma, no puedo evitar recordar cierta vez que, paseando por el mercadillo hace demasiados años, escuché a una vendedora vocear su mercancía al grito de “¡¡Vamos, niñas, aprovecharse, que traigo de oferta las bragas que lleva la Topasio!!“.

4 comentarios en “La pregunta de sus ojos

  1. ja,ja quien paseando por el mercadillo que había junto a tu casa no ha escuchado lo de las bragas.Gracias por lo del libro,he de decir que me encantan los que recomiendas y me los suelo leeer(excepto los que estan escritos en sueco😉

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