Desvaríos de una mente desocupada, La gran aventura sueca, Personal, Personas (y animales) sorprendentes

Magnetopower!

Las personas somos imanes y, como tales, atraemos cosas o, mejor dicho, otras personas. Algunas personas atraen a todo tipo de gente, son las que llegan al bar, a una fiesta o a donde sea y ¡bang! tienen un corrillo alrededor y, lo que es mejor aún, una copa en la mano, en menos que canta un gallo.

Por otra parte, la filmografía pertinente nos ha mostrado a lo largo de años que los Dannys Zuko de la vida atraen a las Sandys Olsson como la miel a las moscas y otras tantas atracciones inevitables que tampoco me voy a enumerar.

Un selecto grupo de los humanos tenemos otro tipo de magnetismo (vídeo bonus). Yo creo que descubrí el mío en mi tierna adolescencia cuando, estando de fiesta con una amiga, se nos acercaron con ánimo ligón un par de tipos que usaban como arma de seducción una hipnótica danza cuya característica principal era que se realizaba sujetando un vaso de tubo con el hombro y el lóbulo de la oreja… Ejem… Por si hay dudas, fe doy de que para ligar NO funciona. Ese día se manifestó mi poder por primera vez y desde entonces no ha dejado de hacerlo: la cantidad de tipos raros que se me han acercado a decirme cosas ridículas es absurdamente grande.

La verdad es que pensaba que al venir aquí la cosa se había calmado, hasta que ayer, mientras estaba sentada en un banco… “perdona, he visto que que estás leyendo un libro en español y me preguntaba si sabes de alguien que me pueda alquilar un piso de 1, 2 o 3 habitaciones”.

¡Pokerface!

Acto seguido ha procedido a contarme su historia porque se ve que, aunque mi mirada esté centrada en una página de un libro, mi lenguaje corporal dice “vamos, campeón, cuéntame algo peregrino y, por favor, dame hasta tarjetas de visita si puede ser!”. Porque sí, me ha dado tarjetas de visita.

Se ve que tengo cara de inspirar confianza, y que eso hace que la gente quiera confesarme sus más oscuros secretos en mitad de la calle: así, supe en su día que un hombre de unos 35 años que se paseaba en chándal no podía ir a la feria porque le había quitado 20 euros a su madre del monedero y estaba castigado sin salir; supe que Mari, una mujer que iba a Hacienda a solucionar papeleo, cantaora profesional del espectáculo callejero acompañada por su tío al órgano Casio, había ido con su novio al cine y que éste, aprovechando que no había nadie más en la sala, había intentado beneficiársela en los asientos 7D y 8D (dramatización) pero que el pudor de Mari por su falta de depilación púbica habían impedido el suceso; y supe más cosas de más gente aleatoria pero he preferido llevarlas al trastero de mi memoria y dejarlas ahí para que surjan dentro de muchos, muchos años cuando sea viejita y chocha, para estupefacción de mis nietos…

Pienso entonces que podría haber aprovechado esta cara de inspirar confianza que al parecer tengo haciéndome psicóloga o algo así, pero como me temo que quizás ya sea un poco tarde para eso, lo que sí que podría hacer es montar mi propia estafa piramidal, eso podría ser un pelotazo grande…

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2 thoughts on “Magnetopower!”

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