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De carreras y vergüenza, mucha vergüenza

Una de las cosas buenas que tiene el trabajo es que me dan de comer todos los días, con el añadido de que, además, la comida está bastante bien (casi todos los días) y es abundante y variada. Hoy por ejemplo he comido pechuga de pollo asado con arroz y pisto, más ensalada, ñamñamñam. Lo malo es que el horario de comedor es demasiado nórdico y suelo comer a eso de las 11:15 – 11:30… Una locura para el estómago español, ¿verdad?

Así que cuando llego a casa sobre las 5 el único pensamiento que me ronda la cabeza es comerme las paredes si hace falta. Y en esas empieza mi círculo vicioso: como llego muerta de hambre, me como lo primero que encuentre, como estoy llena no me apetece hacer ejercicio y me quedo en casa, picoteando (por supuesto) hasta la hora de cenar. Así no hay quien adelgace (¡y afortunada me tengo que considerar por no estar engordando!).

Hoy, antes de arrasar con una bolsa de patatas fritas que me estaba poniendo ojitos me he sentado un rato a holgazanear con el ordenador, y he topado con esta entrada de Laneziman que ha hecho sacudirme un poco la pereza, calzarme las deportivas y echarme a la calle a correr.

Mi plan era tomármelo con calma, hacer cuatro o cinco carreras cortas de unos 5 minutos alternadas con un par de minutos andando, pero conforme empezaba me he picado y he cambiado de planes sobre la marcha. La razón del pique es que estoy cabreada conmigo misma por lo inconstante que soy; tengo una forma física pésima, me cuesta un horror ganar un poco de fondo y sin embargo lo pierdo rapidísimo así que no puedo dejar pasar tantos días sin mover el pandero… ¡grrr!

Lo que he hecho es lo que ninguna persona en su sano juicio haría: correr hasta no poder más. Literalmente. Cuando he parado (a los 16 minutos) estaba mareada, ahogada y casi con ganas de vomitar… estaba buscando un sitio al lado de la carretera en el que tumbarme tranquilamente a morir cuando ha pasado por mi lado un alumno con su bicicleta preguntándome si estaba bien… Así que haciendo alarde de una inteligencia superior he vuelto a echar a correr, por pura vergüenza, ¡jaja! Si correr por enfado con una misma no es divertido, imaginad correr por vergüenza… en fin, a mi edad y con esas tonterías.

El caso es que me he girado para ver si mi alumno me seguía (no íbamos por el mismo camino, pero los adolescentes son capaces de cualquier cosa por reírse de un profesor) y he visto que quien sí que venía detrás mía era una señora vestida de negro y con una guadaña preciosa, así que… fuera vergüenzas y a seguir andando.

Mañana saldré otra vez, pero por otro camino y con un antifaz, jajaja.

¡Feliz semana!

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3 thoughts on “De carreras y vergüenza, mucha vergüenza”

  1. Yo soy lo peor en temas de ejercicio, soy la inconstancia personificada. Siempre encuentro motivos para no hacer nada… Encima, odio correr, sólo me gusta nadar, así que es aún peor. Mucho ánimo, dicen que cuando coges el ritmo engancha. Y con esas vistas tan chulas, ¡seguro que áun más!

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