Desvaríos de una mente desocupada, El síndrome de las manos inquietas, Personal

Historia de un fracaso lanero

En mi primer pedido a Ice Yarns vinieron 8 ovillos de Folk Tweed y, aunque el color era más pálido en realidad que en la fotografía, los guardé con ilusión pensando en tejerme con ellos un Turmeric.

Pero el tiempo pasó, el Turmeric bajó puestos en mi lista de prioridades… y empecé algo que no cuajó, algo que fue un fracaso tan absoluto que lo único que recuerdo es que iba tejido con la hebra puesta doble y que era una pesadilla tejerlo. Después de eso vino este vestido, el Caviar, pero la parte de las trencitas estaba quedando fea y fofa, así que volví a tirar del hilo…

“Apenas se ha ensuciado, todavía se podría comer”, pensé, y monté el Sprig. No podía estar más contenta: ese patrón tan bonito me iba a ayudar a reconciliarme con esa lana a la que tanta manía le había tomado, el jersey iba a quedar precioso y mi stash iba a perder unos cuantos metros.

Me costó lo mío tejer todo el cuerpo, porque la lana no tiene elasticidad y además se agarra mucho al tejerla, pero lo conseguí. Recogí los puntos del cuello y después de hacerlo descubrí que apenas me cabía la cabeza y las sisas se clavaban mucho en las axilas.

“Apenas se ha mojado, todavía se podría comer”, pensé, así que tiré del hilo y recogí los puntos para un cuello dos tallas mayor. Me puse con la primera manga, la terminé, hice el puño y me lo probé…

“Apenas ha volado, todavía se podría comer”, quisé pensar, pero una voz dentro de mí me dijo bien clarito que era hora de decirle adiós.

Las mangas me aprietan, el pecho queda justo, la parte de la cintura y la cadera demasiado ancha, me hace bolsas en las sisas, el cuello sigue siendo demasiado cerrado, el puño del final de la manga tendría que deshacerlo y prácticamente inventármelo para que me cerrase sin cortarme la circulación… Un “esto no hay por dónde cogerlo” en toda regla.

Así que… le digo adiós, (hasta nunca o hasta dentro de mucho), odiando la lana más de lo que la odiaba, y con una cierta irritación hacia el patrón.

Feliz tarde dominguera!

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2 comentarios en “Historia de un fracaso lanero”

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