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Podcast episodio 7 – Obsesión

 

Siete episodios y aquí sigo, aguantando pese a que la tecnología está en mi contra!

He decidido seguir el ejemplo de Paula y poner mis shownotes en el blog, así mato dos pájaros de un tiro: publico las notas y le doy un pequeño meneo al blog, ¡win win!

De esto he hablado esta semana:

Patrones:

Lanas:

Podcasts y blogs:

 

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Leyendo en 2007 (V)

Si la semana pasada la cosa iba de Zafón, esta semana la cosa va de… ¡Zafón!

Al terminarme la tetralogía andaba dándole vueltas a qué leer a continuación y la tienda kindle me sugirió la Trilogía de la niebla, del mismo autor. La compré medio con recelo, porque son novelas para adolescentes y yo la adolescencia acababa de dejarla atrás un par de semanas antes y me sentía especialmente madura y centrada en la vida. Por suerte mi síndrome de Peter Pan no tardó en hacer de las suyas y pude leerme los libros y disfrutarlos.

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Aunque los vendan como una trilogía, la verdad es que son tres novelas independientes, con un tema o una atmósfera común: la magia, lo sobrenatural, lo inexplicable, la niebla…

El príncipe de la niebla es el primero que me encontré. Trata de una familia, que se muda a un pueblo en la costa en plena II Guerra Mundial, a una casa en la que pasan cosas raras… El príncipe de la niebla es un personaje diabólico capaz de conceder cualquier deseo, ¡pero todos los deseos tienen un precio costoso!

El segundo es El palacio de la medianoche, el que menos me ha gustado de la trilogía. Es una historia de amigos, de hermanos separados al nacer, de siniestros personajes mágicos, trenes y fuego… ¡pero poco convincente!

Y el último, Las luces de septiembre, es el que más me ha agradado de los tres. La ambientación es medio steampunk, en la mansión de un fabricante de juguetes y autómatas, y nada más que eso ya me tenía medio conquistada. Pero es que además la historia me ha parecido más elaborada que las otras dos, y los personajes más creíbles 🙂

¡Feliz lunes!

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Retroceso

No sé si es la palabra adecuada para titular esta entrada, pero como antónimo de progreso es lo que mejor ilustra lo que ha pasado este fin de semana.

Cuando tejes sabes que tarde o temprano te va a tocar tirar de la hebra, es inevitable y no merece la pena posponerlo. Bueno, lo de si merece la pena o no igual es cosa de cada uno, pero a mí seguro que no me la merece.

El caso es que esta semana he estado a tope con el Hygge, ganchillea que te ganchillea. El sábado terminé de tejer el panel central y el domingo me dispuse a empezar el bordado ❤

Recuerdo haberle comentado a mi marido en algún momento que me estaba cundiendo un montón. A eso de las 7 envié esta foto a unas amigas… y como una media hora más tarde ¡me di cuenta de que estaba mal!

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Miré y conté, remiré y reconté… y nada, mal. Y se nota, claro que se nota, todo el panel está desplazado 2 puntos a la derecha. Si os fijáis se aprecia incluso en la foto, que os puntos centrales de la flor amarilla no quedan alineados con el punto central de la flor del panel anterior…

Ha sido la primera vez que he llorado deshaciendo algo. No es que haya llorado a moco tendido ni nada, pero es que ¡vaya rabia!

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Y después de la fiesta de “desbordar”, llegó el monstruo del que llevaba escondiéndome toda la semana… ¡el radiate!

El radiate está tejido con un grosor DK, pero yo lo estoy haciendo con fingering. Así que antes de montar hice una muestra, medí, conté, calculé… ¡hasta hice matemáticas! Pero no me sirvieron de nada, porque cuando llegué a la cintura y me lo probé… ¡enorme! Tengo prueba gráfica pero me la guardo porque no me apetece poner aquí una foto mía en el cuarto de baño con la barriga al aire, pero vaya.

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Así que ayer saqué la calculadora, puse a mi marido a controlar mis matemáticas, volví a medir… y efectivamente, yo estaba tejiendo la talla XL y debería tejer la L… así que nada, en lo que se tarda en ver un capítulo de una serie pasamos de la foto anterior, a la foto siguiente…

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En fin, que a veces se gana y a veces se pierde, pero cuando se pierde es una mierda.

¡Feliz comienzo de semana!

 

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Leyendo en 2017 (IV)

Hace ya bastante, cuando salió y era el bestseller por excelencia en todas las librerías de España, mi madre me regaló La sombra del viento dos veces. Me lo leí sólo una y me encantó. Años después Ruiz Zafón ha ido sacando más libros a los que no he echado demasiadas cuentas… hasta este verano, que estuve mirando un poco y decidí darles una oportunidad. Los anoto aquí todos juntos porque, exceptuando el primero que al final sí que me lo he leído dos veces, los demás los tengo bastante mezclados entre sí. Es el precio de leerlos demasiado seguidos, supongo.

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Era evidente que iba a acabar leyéndolos porque, ¿quién se resiste a algo llamado “El cementerio de los libros olvidados”? Yo no, eso está claro. El concepto de una biblioteca enorme, laberíntica y oculta es demasiado romántico e intenso como para dejarlo pasar, y si ya encima le metes romance, escritores malditos, dobles vidas, misterio… pues nada, que estaba condenada a leerlos (y disfrutarlos).

Me ha gustado mucho ver como la saga crecía, las historias se entremezclaban y al final todo (o casi todo) parecía cobrar sentido. No sé si estaba planeado hacerlo así desde el primer momento, o si fue el éxito de La sombra del viento el que dio pie a que crecieran los otros tres, pero sea como sea el resultado es genial.

¿Queda alguien por ahí que no haya leído a Ruiz Zafón?

¡Feliz lunes!

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Leyendo en 2017 (II)

¡He estado leyendo!

No he blogueado mucho, pero estoy más o menos consiguiendo mi objetivo de leer un poco más… Bueno, al menos durante las vacaciones de verano me he puesto un poco al día con mi reto en Goodreads, espero seguir leyendo ahora que el curso ya ha empezado.

Después de mi última publicación lectora, en la que hablaba de A grandes males, último tomo de la trilogía Refranes, canciones y rastros de sangre, de Pérez Gellida, me quedé un poco huérfana de libros (como suele pasar después de leer uno que gusta bastante).

Un par de vueltas por la tienda kindle y muchos fragmentos gratuítos más tarde, me decidí por La maniobra de la tortuga, de Benito Olmo.

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Se trata (una vez más) de una novela policíaca protagonizada por un inspector poco ortodoxo, por definirlo de alguna manera. La acción se desarrolla en Cádiz, donde Blanquetti ha sido trasladado forzosamente con el objetivo, digamos, de no meterse en líos.

Pero a veces la vida trae líos y en la vida de Blanquetti se cruza un cadáver… y al parecer lo de ser inspector de homicidios es como lo de ser tejedora, si ves un cadáver lo tienes que investigar, del mismo modo que si ves una tienda de lana la tienes que visitar, eso es así, simple y llanamente.

El pobre Blanquetti, que además va investigando a su bola, no es Harry el sucio ni nada parecido, los malos no caen desplomados a su paso, de hecho el pobre se lleva más palos que una estera, y eso lo hace bastante entrañable de leer. En paralelo y entrecruzada está la historia de Cristina, una mujer víctima de la violencia de género, que intenta salir adelante llevando una vida lo más discreta posible después de haber pasado varios años en una casa de acogida para mujeres maltratadas.

He leído que alguien ha comprado los derechos para hacer de esta novela una película, pero lo que yo espero de verdad es que Olmo se lance a publicar más novelas de Blanquetti, que este personaje puede dar mucho de sí.

¡Feliz lunes!

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Un año más

¡Hola! Esta es una entrada de reflexión y de introducción a una temporada con más publicaciones en el blog. Escribo en parte para ordenar mis pensamientos, y en parte para ir entrando un poco en calor.

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No acaba el año, no es aniversario del blog, pero para mí, como para mucha gente, el comienzo de septiembre es un momento estupendo para empezar proyectos nuevos y para hacer propósitos de curso nuevo.

Al comenzar las vacaciones de verano me hice una lista de cosas que quería hacer, pero el único elemento de la lista que he conseguido cumplir (más o menos) a diario es echarme crema hidratante. Me ha costado más de treinta años darme cuenta de que las vacaciones de verano no son el mejor momento para cosas como hacer dieta, entrenar más, escribir en el blog u otros blablablás que no se cree nadie.

Desde que volví al trabajo hace dos semanas me cuesta menos estar centrada porque para bien o para mal funciono mejor cuando tengo una rutina en la que refugiarme. Así que estoy poco a poco cumpliendo mis objetivos.

Uno de ellos era ir terminando wips, y de 10 que tenía a principios del verano, ahora sólo me quedan 5 (4 acabados, 1 deshecho). Aunque me muero de ganas de empezar algo nuevo en plan ya, estoy intentando recuperar el control, y eso implica terminar cosas antes de empezar nada nuevo…

Este verano he hecho limpieza de stash. Tengo una amiga que también teje y que se va a quedar con todo lo que sé que no voy a usar. Parecerá una tontería, pero me he quitado un peso de encima, me causaba mucho estrés tener tanto acumulado.

Otro objetivo es escribir un poco más por aquí. Sé que los blogs están muertos o moribundos, que si facebook que si instagram… pero siempre me ha hecho feliz tener el blog y escribir en él, y me gustaría recuperar esos ratitos de contar cosas que son sobre todo historias para mí pero que de momento todavía lee alguien ( ❤ ).

Y leer, leer, leer, leer sigue siendo mi gran reto de este 2017.

 

¡Feliz comienzo de semana!

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Mantener el ritmo

El mes de mayo es EL MES en los colegios suecos, así con mayúsculas y en negritas. Los alumnos de 6º y 9º (el último curso) hacen los exámenes nacionales, algo parecido a la selectividad, pero repartido a lo largo de varias semanas y los profesores nos dejamos la piel buscando huecos en los que poner los exámenes del resto de asignaturas, recuperaciones de exámenes pasados, y corrigiendo, corrigiendo y saliendo a la caza de alumnos para que entreguen lo que tienen que entregar y hagan lo que tienen que hacer…

Yo tengo mi agenda muy bien organizada, lo que tengo que hacer y cuándo tengo que hacerlo. No sólo el trabajo, también tengo planificados los días que voy al gimnasio y mis proyectos de coser y tejer.

De hecho tengo una agenda sólo para eso 🙂

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El viernes pasado llegó a casa un buen cargamento de ovillos para tejer unas mantas de bebé.

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Y también el viernes llegó la primera pista del MKAL de Joji Locatelli… No me quedó más remedio que montar los puntos y empezarlo del tirón, y ahora no me queda más remedio que dar el tirón y deshacerlo, porque no me gusta cómo va quedando.

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En fin, que me planteé lo siguiente, para llegar a todo:

  • En el tren de camino al trabajo: la parte de ganchillo del Hygge.
  • Los viernes por la tarde: el MKAL.
  • Los sábados: el Everyday shawl.
  • Los domingos: el bordado del Hygge.
  • Los lunes por el día: mi chaqueta biker.
  • De lunes a jueves después de cenar: mantas.

A mí me sonaba estupendamente, pero mi marido dudó de que pudiera aguantar ese ritmo muchos días… y tenía toda la razón 😦

La cantidad total de días que he aguantado ese ritmo es cero. El sábado me levanté mala y así sigo -sospecho que con una mezcla de resfriado, alergia y cansancio- de brazos caídos y con el cuerpo destrozado, intentando hacer acopio de energías porque mañana tengo exámenes y no puedo faltar al trabajo.

Saco una moraleja de este fin de semana…