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La que no quería fotos

Hice esta blusa a principios del verano, allá por finales de mayo o primeros de junio, y aunque en numerosas ocasiones he hecho el intento de sacarla para fotografiar, siempre pasaba algo (desde lluvia hasta caca de pájaro en mi hombro, puag). Ya se me estaba casi quitando las ganas de enseñarla, porque ya no es nueva, jeje.

La historia de esta blusa empieza con un flechazo con la tela en la tienda y la búsqueda del patrón perfecto. Y el elegido fue ese de abajo a la derecha:

Empecé a calcar el patrón y a darme cuenta de que había cosas que no me gustaban… la pieza del escote, las mangas anchísimas…. ¡nada, a tomar viento el patrón! Y entonces apareció Mara, con su Mamina de Kibadoo… y ahí llegó el segundo flechazo 🙂

Mi alemán es nulo y no fue fácil del todo entender las fotografías, pero algo salió, así que igual debería subir mi nivel de alemán de nulo a bajo bajísimo!

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La blusa es comodísima de llevar, pero por desgracia no me va a servir para ir a trabajar porque cuando me inclino se me ven hasta los pies desde el escote 😱

El canesú fue un auténtico coñazo de hacer: tela de viscosa y pequeños pliegues es una combinación que no funciona muy bien, y además los pliegues ni se notan si no se acerca uno mucho más de lo recomendable.

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Para terminar los puños y el escote utilicé bies de punto, aprovechando en las mangas para dejarlas fruncidas (también hice las mangas bastante más largas de lo que el patrón dice, que para algo soy bracilarga).

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Y esto es lo que pasa cuando intentas pasar diez fotos a la vez de la cámara al ordenador pasando por el móvil:

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¡A Rums que nos vamos!

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