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Infinito

Infinito es una exageración, claro, pero lo cierto es que me ha salido un chal gigantesco…

Cuando compré mi kit para tejer/ bordar el Hygge (que está aparcado hasta nuevo aviso, por cierto) estuve mirando en la web donde lo encargué para ver si había algo digno de aprovechar el viaje. Y allí estaba, esperándome, un ovillaco de 200 gramos de peso y 1000 metros de longitud… Se trata de Cotton flowers, una mezcla de algodón y acrílico al 50%, que hace un gradiente precioso de rojo a verde, pasando por naranja y amarillo ❤💛💚

La foto es medio fea, pero fue la que tomé en el calor del momento cuando llegó mi paquete.

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El patrón elegido es el Everyday shawl, de Jenny F, que va perfecto para este tipo de lana que parece estar de moda este verano 🙂

El resultado es mágico, a lo mejor está feo que sea yo quien lo diga pero ¡me da igual! Es enorme pero muy ligero, de forma que se puede usar tanto enrollado al cuello, sin que abulte demasiado ni agobie, o como chal por si refresca (y en este país, antes o temprano, acaba refrescando). Como me empeñé en acabar todo el ovillo me inventé unas repeticiones extras al final, por eso tiene una forma peculiar.

 

 

Tanto quise apurar el hilo que acabé teniendo que “inventarme” un buen puñado de metros para poder cerrar… 😅😅

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Aprovechando que es jueves y tal, me paso por Rums 😀

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Plateado

Un día cualquiera estás en instagram y ves que tu tienda de lanas favorita ha puesto una foto de unos ovillos preciosos, casi sin darte cuenta te encaminas a la tienda y te haces con 3 de dichos ovillos… y de repente unas personas fantásticas hacen llegar a tu vida el patrón perfecto (gracias, chicas) ¡y ya sólo queda tejer y cantar!

Se trata de Water, de Sylvia McFadden, y es un patrón hermano del famosísimo Waiting for rain de la misma diseñadora, que yo ya tejí en su día. La técnica de alternar punto bobo con calados en vueltas cortas consigue un resultado muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver, así que resulta “refrescante”.

La primera foto ya la enseñé el martes pasado en mi entrada de reflexión bloguera:

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Las fotos aprovechamos para tomarlas un fin de semana que nos fuimos de viaje a Örebro, a hacer un poco de turisteo y a ser un poco macarras en un concierto de power metal.

El chal, en el que por cierto he gastado unos dos ovillos y medio de Lace Lux de Lana Grossa (sospechosamente parecida a Air Lux de Katia, ejem ejem), es bonito, con una caída espectacular y muy favorecedor. Además he tenido la suerte de topar con un muchacho que me ha hecho de modelo 😉

Y si el Castillo, el Trono de Goma, el Hotelazo donde pasamos la noche, el concierto y el grupo y el paseo del día siguiente no fuesen suficientes razones para que me gustase Örebro, os aseguro que esta pizzería sí que lo es:

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¡Mira que es una tontería tremenda, pues todavía me estoy riendo!

¡Por cierto, es jueves!

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Mi nuevo hogar

Antes de ir a pasar dos cálidas semanas en Córdoba estaba pasándolo regular en el trabajo y la razón no era (al menos no exclusivamente) el estrés propio del fin de curso, sino que en el colegio, a veces, me congelo!! Estaba empezando a plantearme llevarme una manta o algo así cuando vi…. ¡el chal-manta!

Se trata del patrón Decemberist de Marilynd. Un chal triangular pero muy alargado que se teje con lana superbulky y agujas de 8 mm. Aproveché que iba a comprar la lana para el regalo de Navidad de mi abuela, y me compré cinco ovillos de Sandnes Fritidsgarn, que aunque es sólo bulky, supuse que me daría el apaño.

Estaba a dos vueltas de acabarlo cuando me di cuenta de que era minúsculo…


Mi consejo de sabios tejedores concluyó que lo mejor era deshacer y empezar de nuevo, así que es lo que hice. Subí a agujas de 10 mm y la parte lisa la hice más grande, hasta 149 puntos. 

En ravelry leí que a la diseñadora le había llevado unas 10 horas tejer el chal y, para darle un poco de vidilla al rollo de haber tenido que deshacer todo (y porque soy un poco friki, para qué negarlo) decidí cronometrarme:


No está mal, ¿no?

Y el resultado tengo que decir que me encanta… en estos días tan fríos que estamos teniendo me está viniendo de lujo, ¡básicamente vivo dentro de este chal! ❄❄


Esta entrada la estoy escribiendo en el tren de camino al curro, usando la aplicación de WordPress por primera vez, así que pido perdón si hay algo raro 😉

Y como es jueves, ¡Rums!

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El rarito

Hace poco escribía acerca de lo cómodo que es tejer chales, por las posibilidades que ofrecen, porque es difícil que salgan fatal y porque nunca se tienen suficientes, ¿no?

Uno de los que tejí el verano pasado, el Good Vibes, lo tenía todo para triunfar… pero en algún momento, todavía no sé en cuál, la cagué, y a la hora de bloquear no había ser humano que le diese forma de chal a aquella cosa… Todos tenemos derecho a ser como somos y mi chal no iba a ser menos, jaja, así que lo bloqueé acentuando la forma aquella rara que había cogido y éste es el resultado:

dscf4737¡Es un chal trapezoidal! Visto así queda un poco extraño, pero puesto es suave y calentito, y la combinación de rojo (baby alpaca silk) y crudo (alpaca) es muy favorecedora.

Prometo que es favorecedor, ¡palabrita! lo que pasa es que ni el modo selfie ni la contractura que tenía cuando me hice las fotos son los mejores ingredientes para salir bien 🙂

Aprovechando que es jueves… ¿vamos a RUMS?

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En lo que quedó el día

Si hay algo mejor que cumplir años en general, es tener la maravillosa suerte de cumplirlos en tu estación favorita. Y si además a esa suerte le sumamos el privilegio de tener libre precisamente el día de tu cumpleaños, el día es casi perfecto.

Por desgracia tengo que decir casi perfecto y no perfecto del todo, porque mi cuerpo ha decidido entrar en el nuevo año por la puerta grande, recordándome con un antipático dolor de espalda que ya no tengo 20 años y que tengo que cuidarme un poquito más.

A pesar del dolor me dirigí mochila en ristre a pasear a Djurgården, mi sitio favorito para disfrutar del otoño, con la idea de respirar aire fresco y de hacer un puñado de fotos ya de paso…

Y al llegar a casa… sofá, manta eléctrica, bolsa de golosinas, y proyecto nuevo de punto porque, aunque tengo varias cosas empezadas, la mayoría están en fase aburrida y me apetecía una barbaridad empezar algo nuevo. Hace unas semanas, en una excusión a Gotemburgo, se vinieron conmigo a casa un par de ovillos de Admiral Stärke 6 de Schoppel, comprados con el patrón Juneberry Triangle en mente:

Y así está la cosa:

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Tenía muchas ganas de tejer este patrón y muchas ganas también de tener un chal en tonos neutros… ¡combinación ganadora!

¡Feliz día!

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¿Quién lleva la cuenta?

Ahora que estamos iniciando de nuevo el proceso de mudanza, y además sacando de sus cajas, cajones y escondrijos los chales, cuellos y bufandas, me he dado cuenta -así como quien inventa la rueda en pleno siglo XXI- de que tengo muchos, no se si demasiados, pero muchos, sin duda.

Pero, ¿quién lleva la cuenta? ¿a quién le importa? Tejer chales es una de las cosas más divertidas que hay: las posibilidades son inmensas, no hay casi riesgo de equivocarse de talla, abrigan, son bonitos… ¿qué más se puede pedir, aparte de un armario inmenso e inviernos fríos?

Un chal que ha pegado fuerte en los últimos tiempos (en la comunidad tejeril, me refiero) ha sido el Waiting for rain, de Softsweater Knits. Se trata de un chal tejido en punto bobo con trozos de encaje insertados de forma que parecen desgarros de encaje en el tejido. Muy original y divertido de tejer, no me extraña nada que a día de hoy haya casi 2000 proyectos publicados.

Yo me tejí el mío con una madeja de Manos del Uruguay Marina color denim, regalo espontáneo del señor de la casa.

Y así ha quedado:

 

Otra cosa de la que también llevo muchos (aunque de estos no pierdo la cuenta) es años. Hoy cae otro más y para celebrarlo me voy a dar un paseo otoñal de los que hacen historia… ¡Feliz lunes!

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Como iba diciendo…

Pues eso, como iba diciendo ayer, al menos dos de mis proyectos rojos están ya terminados, el tercero espero acabarlo en breve.

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A principio del verano, como cada año, organizaron en el grupo de Ravelry de Greta and the Fibers su tradicional Multikal de verano. Otros años había resistido al canto de sirenas pero este año he sucumbido del todo. Aprovechando que iba a pasar unos días en Córdoba participé en el pedido conjunto de No8das, pero no pudo ser y al final mi madeja ha viajado un poco más de lo esperado.

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Por desgracia para mí no me convencía ninguno de los patrones de Multikal pero, por suerte, se creó un Kal alternativo en el que se podían tejer cualquiera de los chales propuestos al principio. Y allá que me lancé, junto con un grupo de majaras, a tejer el Rendezvous, de la diseñadora Lily Go.

Lo peculiar de este chal es que se comienza desde abajo, con porrocientos puntos (439 en mi caso) y se va reduciendo poco a poco. Como me gusta saber cómo de avanzada voy en un proyecto me entretuve una tarde en hacer una hoja de cálculo con el recuento de puntos de cada vuelta:

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Prometo que no es mucho trabajo (apenas me llevó 15 minutos) y ayuda un montón a mantener la motivación, sobre todo en las primeras eternas vueltas. Otro factor que ayuda a mantener la motivacion es que el patrón es completamente adictivo y, aunque requiere concentración, yo al menos no podía parar de tejerlo y me dio bastante pena cuando se acabó.

Bueno, basta de charlas, aquí llega mi manzana con caramelo:

¿Es, o no es una delicia? Apenas 80 gramos de Silk me lace, la mezcla de merino y seda de Greta, transformados en un chal bonito, favorecedor y prácticamente etéreo.

Y aunque estemos en agosto y el mundo medio se pare por estar en vacaciones… ¡rums!