La gran aventura sueca, Personal

Por probar que no quede

Voy estudiando sueco cada día (menos los fines de semana), voy a intercambios de conversación y a sesiones de estudio en grupo. Lo que no hago ahora mismo es ir a clases, son demasiado caras y todavía no puedo acogerme a las clases gratuitas para inmigrantes. Aún así creo que estoy haciendo lo correcto, avanzo y dentro de (espero) poco estaré preparada para enfrentarme al mercado laboral.

Pero claro, si me encuentro con una oferta de empleo (de vez en cuando miro, para ir haciéndome el cuerpo) con una pinta increíble y redactada en inglés, pues tengo que contestarla, ¿no? aunque sepa que no es para mí (porque no lo es) y aunque me cuide de indicar en la carta de motivación “para ésta o cualquier puesto que surja en el departamento de idiomas en el futuro”.

Todavía no sé si hacerlo me ha sentado bien o mal, la verdad. Por una parte me sienta bien pensar que me abro posibilidades, por otra, llevo desde que lo hice con un nudo en el estómago: he mandado mi CV a ser juzgado y los juicios no son agradables.

Ahora necesito un poco de tejeterapia 🙂

I study Swedish every day (except weekends), attend language tandems and meetups, and have a Swedish study group. I’m not taking lessons right now, they are too expensive and I don’t qualify for the free courses for foreigners yet. I think I’m doing the right thing, I make progresses and in a (hopefully) not so long time I will be ready to face the labor market.

But, if I come across a very interesting job offer (I check offers from time to time, just to prepare myself) that is written in English, I need to apply for it, don’t I? Even though I know it is not for me (because it is not), and even tough I have to indicate in the cover letter “for this job, or for any other language-related position that might open in the future”.

I’m not sure wether this has been good or bad for me. On the one hand the thought of doing the right thing and of opening some kind of door is really reassuring, but on the other hand I have had a lump in my throat since I did it: I have submitted my resumé to be judged, which is rather uncomfortable…

I need my knitting therapy now 😀

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La gran aventura sueca, Personal

Golpe de suerte

No todo en la vida van a ser penurias, envidias y sueños sin cumplir. A veces las cosas simplemente salen solas, redondas, rodadas o como se diga.

Entre ayer y anteayer tomamos posesión de la que va a ser nuestra casa durante 3 meses. Han sido dos días de empaquetar, transportar y desempaquetar, de tirar y comprar, y de inspeccionar y de acomodarnos. Por suerte yo me acoplo fácilmente y en seguida me siento en casa, pero es que además el piso se presta a ello. Es grande, luminoso y tranquilo, y además tiene vistas. Para una urbanita como yo tener vistas a algo que no sea hormigón es todo un lujo…

No es lo mismo trabajar mirando una pared, un edificio o un tejado, que hacerlo con buenas vistas. Señores  y señoras, tengo el gusto de presentarles el saloncito, con su zona de trabajo, de la que me he hecho dueña y señora:

 

¡Abajo la ociosidad!, Cámara en mano, El síndrome de las manos inquietas, Personal, Trota, trota, trotamundos soy

Cosas que acaban, cosas que empiezan…

Se supone que (mis vacaciones) han acabado, pero yo no lo siento así… no puedo evitar pensar que sigo de vacaciones aunque sé que no es verdad. Y es que durante el mes de agosto, por suerte y por desgracia, no es que se trabaje mucho, la verdad.

Eso sí, estar de vacaciones siempre estimula la imaginación y las ganas de hacer cosas, y los cincuentamil grados que tenemos estos días en Sevilla quitan tanto las ganas de salir a la calle, que no queda más remedio que da rienda suelta a la imaginación, a la espera de tiempos mejores…

UK

Construyendo la pirámide, Personal

El derecho a la queja

Laboralmente me va bien, soy autónoma (que es una mierda, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), y en poco tiempo he pasado de tener un único cliente, a una suerte de pluriempleo. Desde febrero estoy trabajando en una oficina para un proyecto que debería haber terminado en mayo pero que, como las cosas de palacio van despacio, ahí sigue (y ahí sigo yo). Aparte tengo a mi cliente de siempre, al que no me puedo permitir perder, y alguna otra cosilla que surge a raíz de contactos que he hecho en mi empresa.

Y ahí es donde llega mi problema. Estoy un poco sobrecargada de trabajo entre semana, y los fines de semana no se quedan atrás. Concretamente éste me he lanzado a por más cosas de la cuenta, y veremos a ver en qué estado acabo (¡fabricantes de corrector de ojeras que me leáis (sé que sois muchos aunque no comentéis nunca), no os cortéis y duplicad la producción de cara al verano, me va a hacer falta!).

Así que me quejo, me quejo de que estoy cansada, de que tengo mucho sueño, de que el mundo es injusto porque unas veces tengo demasiado y otras apenas nada, de no tener más horas en el día, de no ser capaz de teclear más rápido porque en realidad yo no crecí con un ordenador en casa y tecleo utilizando un máximo de 5 ó 6 dedos de los diez que tenía la última vez que me los conté, me quejo de muchas cosas, a veces demasiadas, otras demasiado pocas.

Y cada vez que me quejo del exceso de trabajo surge una voz que me dice “¡Y que no te falte!”. Y eso digo yo, que no me falte. Pero es que a veces me parece que hay gente que cree que los autónomos trabajamos porque queremos, cogemos los encargos por amor al arte y que disponemos de nuestra vida a voluntad. Pero la triste realidad es que no, que cogemos los encargos porque un no en un momento dado cierra una puerta muy difícil de volver a abrir, porque la crisis también existe para nosotros y nunca sabes cuándo un cliente va a dejar de pagarte o a retrasarse en los pagos (como es mi caso), y porque no somos nuestros jefes, ni siquiera tenemos uno, los autónomos (al menos servidora) tenemos tantos jefes como clientes.

En fin, ¡escuchemos música!

La barca de sua – Humphrey y Nuria

Cámara en mano, Construyendo la pirámide, Desvaríos de una mente desocupada, El síndrome de las manos inquietas, Personal

Remedios para las ojeras

Es fácil encontrar en Internet remedios para las ojeras, rodajas de pepino, puré de manzana, rodajas de patata… y como éstas, muchísimas. No sé si funcionarán o no, porque no las he probado, así que sigo teniendo ojeras (ojerazas, diría yo), y es que desde que estoy pluriempleada, tengo una lista de prioridades para mi tiempo libre que las hace inevitables…

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  1. Estar con S.
  2. Ir al gimnasio.
  3. Ir a clase de ruso.
  4. Tejer.
  5. Leer.
  6. Usar el ordenador.
  7. Cocinar.
  8. Pasear.
  9. Mirar la tele.
  10. Hacer limpieza.
  11. Estudiar ruso.
  12. Casi cualquier cosa que surja.
  13. Dormir.

Y así me va… de momento no sé si me arrepiento o no de haber aceptado este trabajo nuevo, porque sigo viéndole las cosas buenas y las malas a los dos.

Construyendo la pirámide, Personal

Nombre de la empresa, ¿digame?

Hace unos ocho meses que dejé el trabajo, me lié la manta a la cabeza, me hice autónoma, me mudé de ciudad y me puse a dedicarme a lo mío… y estoy genial.

Pero no puedo evitar echar de menos aquello. No el trabajo, claro, echo de menos a mis compañeros, el paseo de después de comer, el té que nos tomábamos gratis con el agua caliente de la fuente (¡bendito vendedor de fuentes de agua de la competencia, que nos enseñó que la nuestra calentaba el agua!), la gente en general. Y no sólo del trabajo, al cambiar de ciudad también dejas atrás gente que te importa mucho (y que luego no viene a verte ni de casualidad, ejem, ejem, sí, te lo digo a ti, guapa).

Construyendo la pirámide

Perspectivizando

Soy una persona atada a una mesa, al menos durante los próximos 10 días, domingos y festivos incluidos. La mirada fija en el monitor y justo detrás -sólo hay que mover un poco la cabeza para verla- la cama, llamándome a gritos, y un poco más allá en la misma dirección, la ventana, con los ruidos de la calle y la primavera.

Y sin embargo sigo trabajando y no sé por qué. Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta, pero ¿de verdad me gusta tanto que decido voluntariamente quedarme en casa trabajando en lugar de salir a leer al parque?

Supongo que en algún momento de mi existencia alguien me ha inculcado un sentido de la responsabilidad que me impide intentar escaquearme. Por otra parte, alimento mi fuerza de voluntad con infusiones de té caliente y puñados de m&m’s.