Desvaríos de una mente desocupada, La gran aventura sueca, Personal

Veamos…

Es verano pero cualquiera lo diría, las nubes, la lluvia y el viento me han obligado a rescatar un jersey del fondo del armario para poder desayunar en el balcón, el año pasado recuerdo haber desayunado en bikini. Pero está bien, no me quejo demasiado del tiempo, sobre todo cuando miro las temperaturas en mi Córdoba natal y pienso en lo que les queda por delante…

Quizás cambien las temperaturas en las próximas semanas y pueda usar algunas de las prendas que me hice el verano pasado, pero me temo que ha llegado la hora de comenzar a preparar costuras y tejidos de otoño que, a fin de cuentas, son los que más uso tienen.

Tengo pendientes un puñado de entradas para el blog: mis vacaciones, los souvenirs que me he traído, los libros que he leído y la ropa que me cosí justo antes de irme: varios grandes éxitos y un estrepitoso fracaso que, estando sin rematar, todavía dudo si enseñar o no…

Tengo pendiente comenzar un chal, el Kisseis, que estamos tejiendo en KAL en no-madeja-das, lo haré en cuanto aparezca el ovillo que tenía pensado usar. ¿No os pasa a veces que, por recoger y ordenar, acabáis perdiéndole la pista a alguna cosa? Si alguien ve una madeja ya ovillada de 100purewool en verde manzana, por favor, que me deje un comentario, la echo de menos…

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¡Abajo la ociosidad!, Cámara en mano, La gran aventura sueca, Personal, Trota, trota, trotamundos soy

Córdoba

Siempre que alguien me pregunta cuál es la mejor época para visitar Córdoba mi respuesta es el mes de mayo, sin lugar a dudas y a pesar del calor. Pero a falta de pan, buenas son tortas y finales de abril tampoco está nada mal: la ciudad ya está preciosa pero no hay tanto jaleo en la calle. Así que en estos días pasados en Córdoba nos reservamos Salva y yo una mañana para salir a dar un señor paseo por la ciudad, a disfrutar del sol, del olor a azahar (¡dos años sin oler el azahar! casi lloro de la emoción…), del cielo…

He hecho un montón de fotografías y en prácticamente todas sale el cielo y es que aquí es distinto. Los 2.888 km que separan Córdoba de Estocolmo (y el hecho de que sean en dirección más o menos norte) se notan también en eso: en Córdoba el sol es amarillo; el azul del cielo, más intenso y la luz, más cálida, aquí arriba el sol me parece más blanco y, aparte de causarme más migrañas, hace que todo se vea distinto (ojo, no más feo, simplemente distinto)…

Calle arriba y calle abajo:

Por la Mezquita, porque hay fotos que tengo que hacer, me es imposible pasar por ahí y no hacer la misma foto una y otra vez:

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En la Facultad de Filosofía y Letras, comprobando que todo sigue más o menos igual (excepto las banderas de la entrada, que ahora son billetes):

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Y, como no, en La Corredera, disfrutando de una cerveza, un vargas y unas croquetitas de rabo de toro…

¿Se nota mucho que me encanta? Aprovechad los que podáis, poned un pie en Córdoba este mes de mayo y tomaos un algo a mi salud 😉

¡Hasta luego y feliz lunes!

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Desvaríos de una mente desocupada, El síndrome de las manos inquietas, La gran aventura sueca, Personal

Arena

Llevo un rato meditando acerca de 2011 y, por más vueltas que le doy, no consigo dar con la de cal, aunque sí veo muchas de arena. Esto se debe en parte a que soy una optimista convencida y en parte a mi memoria selectiva, que hace que los malos recuerdos se borren rápidamente…

Empezó 2011 con mi primer triunfo lanero, que, para ser sinceros, me llenó de expectativas que no se han terminado de cumplir. Así que, primera lección aprendida: no dejar que el triunfo se me suba a la cabeza.

En febrero llegó el primero de los muchos viajes que he hecho este año (para mi estándar, claro). Segunda lección aprendida: en las aerolíneas, como en la vida, “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo“.

Como quien no quiere la cosa llegó marzo y, con él, el tan ansiado momento. Tras una operación más molesta de lo que me esperaba y un post-operatorio bastante aparatoso, llegó el día en que, después de años y años, conseguí dejar gafas y lentillas atrás. Hoy, a nueve meses de la operación, puedo decir que veo como un lince y que no podría estar más contenta. Tercera lección aprendida: para ganar hay que arriesgar.

Abril llegó tranquilo, sin grandes sobresaltos en mi vida, que yo recuerde ahora. Seguía con mi rutina de clases de costura, traducciones, clases particulares, (poco) punto, (no mucho) gimnasio y paseos por la ciudad de la que sabía que en breve me despediría. Cuarta lección aprendida: si algo funciona, mejor dejarlo estar.

Con mayo llegó el calor y, valga la contradicción, recuperé mis ganas perdidas de tejer, de tocar agujas, de sumergirme en lana. Con mayo llegó también la esperanza, en forma de movimiento social, y en forma de entrevista de trabajo para mi otra mitad. Quinta lección aprendida: querer es poder, aunque los cambios grandes precisan de más tiempo y esfuerzo.

En junio puse a prueba mi paciencia tejiendo el archiconocido citron y llegaron las buenas noticias. Fue el principio de la cuenta atrás de unos meses en los que hubo mucho que hacer. Sexta lección aprendida: quien teje un cesto, teje un ciento.

Con julio el calor se hizo insorportable y la situación rayó en lo insostenible para mí. Si ha habido un mes malo este año ha sido julio y precisamente por eso, por el calor que me aletargó hasta lo indecible, y que me hizo relajarme, sentarme, comer y engordar, abriendo las puertas a una batalla que hoy en día sigue siendo encarnizada. Séptima lección aprendida: aún lo más común puede pillarte de sorpresa si bajas demasiado la guardia.

Agosto fue el mes de las cajas por antonomasia. Colocamos, clasificamos, empaquetamos, descartamos, hicimos viajes y viajes a Córdoba y al contenedor de basura, limpiamos y limpiamos rincones que ni sabíamos que estaban sucios. Octava (y quizás más importante) lección aprendida: no al síndrome de Diógenes, lo que acumulas hoy, alguien tendrá que empaquetarlo mañana.

¡Septiembre, oh, septiembre! Instalada en casa de mi madre en Córdoba, el mes de septiembre se pasó como quien no quiere la cosa entre organizar mis cosas, planear mi viaje y aprovechar de una rara coincidencia espacio-temporal para disfrutar de mis amigas como hacía años que no lo hacía. Además a final de mes fui objeto de una fiesta sorpresa con gente de dentro y gente que vino de fuera… Novena lección aprendida: pese a lo que diga mi abuela, se puede y se debe mantener a los amigos.

Con octubre llegó la mudanza, el cambio de aires, el darme cuenta de que estaba definitivamente lejos y que me iba a perder muchas cosas (como un nacimiento muy especial), la primera parte del proceso de adaptación y, aunque hubo malos ratos y lágrimas y enfados, asumo todo eso como parte natural de lo que estoy viviendo y como un mal necesario para llegar a donde quiero. Décima lección aprendida: a quien algo quiere, algo le cuesta.

Noviembre vino con una nueva mudanza, con la sensación de estar realmente en casa y con el descubrimiento de una pasión por la lana que antes no sentía. Seguí descubriendo tiendas y hasta un festival, acumulando y tejiendo, pero sobre todo acumulando. Y seguí luchando por adaptarme a esto, por arrugarme lo menos posible… supongo que no siempre lo conseguí, pero, insisto, es parte el camino. También trajo noviembre unas esperadas elecciones y un resultado no por más esperado menos decepcionante, con pequeña pérdida de la esperanza en la raza humana incluída. Undécima lección aprendida: no hay que volverse loca comprando lana.

Y diciembre, con el frío (pero sin nieve), la oscuridad, y un revés laboral acompañado por un pequeño apuro económico, me trajeron un poquito de tristeza y quizás me dejé hundir un poco más de la cuenta. Pero llegaron las navidades y pude coincidir en España con mucha gente (no con todos, por desgracia), y el sol me dió migrañas pero también energía. Duodécima lección aprendida: always look on the bright side of life (aunque dé migraña).

Bueno, a lo tonto a lo tonto, me ha salido una entrada más larga que un día sin pan 🙂

Propósitos de año nuevo no me hago (¿para qué?), o al menos no los hago públicos para no tener que tragarme mis palabras, pero tengo varias cosillas en mente que espero ser capaz de sacar adelante este año que entra.

Y, a falta de un día y poco para que caduque 2011, os deseo a todos un muy buen año y, como mínimo, que la cosa no vaya a peor (que visto lo visto ya es mucho pedir).

Un beso grande y gracias por haber estado aguantándome 🙂

La gran aventura sueca, Personal

Let it snow, let it snow, let it snow

Córdoba es una ciudad preciosa, siempre he pensado que es una ciudad maravillosa para llevar una vida tranquila (si tienes trabajo, claro, que como anda la cosa…), tiene historia, buena gastronomía, una oferta de ocio aceptable, está bien comunicada con ciudades más grandes como Madrid y Sevilla y además viven allí muchos de mis amigos… pero si hablamos de clima, Córdoba es lo más parecido a Mordor que he visto… lo siento, pero es así.

Por eso, teniendo en cuenta que Granada es la ciudad más fría en la que he vivido, estoy disfrutando increíblemente el comienzo del invierno en Estocolmo. Dicen quienes llevan aquí más tiempo que lo de este año no es normal, estamos casi a mitad de diciembre y todavía no está todo blanco… Para mí mejor, la verdad, así duran más estos días previos tan emocionantes.

Llegó el otoño y las hojas de los árboles amarillearon y cayeron, ya en el suelo se tornaron marrones y con las primeras heladas se congelaron. Eso es un festival, sobre todo si tienes la suerte de tener un minibosque cerca. Sales de noche (o sea, todo el día) y las hojas brillan como si tuvieran purpurina y, si hace suficiente frío, crujen suavemente al pisarlas… me encanta esa sensación… Luego empiezan a formarse sutiles capas de hielo en los charcos (si ha llovido, claro, como es el caso), que también son un gustazo de pisar. Después empieza a aparecer escarchilla en el césped y encima de los coches, y empieza a verse a gente con rasquetas dejando sus coches listos para la marcha… y todo ello aderezado con la inminencia de la nieve que, a mí, como buena novata, me hace una ilusión que no veas. Ya sé que me hartaré, que echaré de menos el calor y el sol de Mordor, pero eso ya llegará. De momento, estoy disfrutando como una enana, a pesar de haber catado el suelo gracias a mi poca pericia detectando placas de hielo 😉

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¡Mercado dominguero!

Hola!

El próximo domingo se celebra en Córdoba la inauguración de un mercado de artesanía dominical… Habrá actividades, talleres, un desfile y buen ambiente, y sobre todo muchas cosas bonitas, y algunas no tan bonitas, que serán las que venderé (o intentaré vender) yo.

Mercado de arrtesanía
Mercado de artesanía
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Arte y Música en la noche cordobesa

2ª Feria de Jóvenes Artesanos Made in Córdoba

Yo no sé vosotros, pero yo no tengo intención de perdérmela. Estoy deseando ver en directo los dulces y las golosinas de DeBea, las mingurriadas de Azahara, las maravillas para mí recién descubiertas de Mirifice, ¡¡y otras tantas preciosidades!!

¡Que vaya genial, chicas, allí nos veremos!