Tres colores

Me quedaban un par de cosillas por enseñar en el blog de lo que tejí en mi “fase generosa” de las pasadas navidades. Una amiga iba a tener a su primer bebé en enero y en vez de comprarle un regalo, tras preguntarles a los padres qué les parecía la idea, les tejí una mantita la mar de molona.

Tanto el patrón como la lana y la combinación de colores son elección de la madre, la ejecución es mía.

El patrón es muy resultón y entretenido de tejer, seguro que lo repetiré alguna vez 🙂

Con lo que sobró de lana, que no fue mucho, tejí este gorrito (patrón) sin tener muy claro si el tamaño es el adecuado para una cabeza humana… ¡lo veo taaaan chiquito! De todos modos, en caso de que sea demasiado pequeño, siempre habrá algún muñeco en el futuro que lo pueda usar, ¿no?

Las fotos, desde el balcón y con la nieve de fondo, son bastante viejas. La nieve ya se ha fundido y todo empieza a verdear… ¡la primavera está llegando!

¡Buenos días!

Aquí estoy con un gorro que me tejí la semana pasada. Es un test para un patrón de Tori, el Crinaeae Hat. Ha sido mi primer test y la experiencia me ha resultado la mar de entretenida (y como “pago”, más patrones, ¡yuhuu!).

Lo peculiar de este gorro (peculiar para mí) es que se empieza arriba, con sólo 6 puntitos de nada, y se ve aumentando y construyendo ese cable tan bonito que tiene.

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Para tejerlo he usado dos ovillos de 50 g de Drops Karisma, aunque aproximadamente medio ovillo lo usé para el pompón 🙂

Lo bueno de ese cable es no sólo que es bonito, también favorece un montón.

Cuando me he levantado esta mañana estaba el sol ya asomando por el horizonte, así que he corrido -todavía en pijama- al balcón a hacer un par de fotos. Además, una de las orquídeas está estrenando flores… El día promete, ¡esperemos que no defraude!

¡Buenos días, feliz RUMS!

R de… reconvertir

A veces pasa, ¿no? Empezamos (y acabamos!) un proyecto con toda la ilusión y tal cual lo acabamos, ¡zas! al cajón del olvido.

En su momento tejí un proyecto que tenía por objetivo ser una funda para uno de esos ordenadores de siete pulgadas que tenía por aquel entonces. Sólo me quedaba forrarlo y ponerle una cremallera…

“SÓLO”

Y pasaron los meses, el ordenador pasó a mejor vida y su funda seguía sin forro y sin cremallera, desapareciendo poco a poco en el arcón. El triste destino de los proyectos menos amados 🙂

Hasta que en la última mudanza salió del arcón y me di cuenta de que como funda o bolso no tenía futuro, ¡pero como gorro estaba fetén!

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Me gusta mucho cómo queda y, además, mola que tiene dos orejitas, como el gorro de batman 😛

Y con este ataque de los filtros vintage, me paso por RUMS por primera vez en este año… ¡espero que sean muchas más!

Ven a mí, sol

 

De vaqueros y segundas oportunidades (5)

Éste es uno de esos proyectos que es genial hacer: se tarda poco, es barato y el resultado es estupendo.

Llevaba tiempo con ganas de coser un sombrero, entre otras razones porque tengo la cabeza lo suficientemente gorda como para que la mayoría de los sombreros que se pueden encontrar en las tiendas de ropa me queden justitos y me hagan marca en la frente 😦 o me espachurren el pelo. Así que cuando digo que llevaba tiempo, lo digo en serio, jaja.

Y resulta que MJ estaba también queriendo hacerse uno, y también ella tiene en su casa pantalones vaqueros para reusar… así que ¡blanco y en botella! nos hemos cosido sendos gorros para el veranito.

Para el mío he usado la pernera que me quedaba de un vaquero gris de Salva, y un resto de tela de pollitos de composición desconocida. He seguido el patrón (aquí) al pie de la letra (talla L, muchas gracias), excepto por los tres pespuntes decorativos que le he puesto a la visera, para adornar y para darle entidad. Se supone que es un gorro reversible y a priori lo es pero… me gusta más el vaquero por fuera 😉

 

Por cierto, ¡qué dificilísimo es hacerse fotos a una misma!

Que no se me olvide que es jueves, ¡a RUMS!

¡¡Y mirad el gorro de MJ, que mola horrores!!

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¡Repetimos!

Desde que me cargué mi adorado favorito la verdad es que no he podido quitármelo de la cabeza. Era un jersey que podría haber llevado puesto todos los días desde el 1 de septiembre hasta el 30 de abril (no lo he hecho, prueba de ello es que me lo cargué lavándolo) y lo echaba de menos… así que, aunque compré esta lana roja (baby merino de Ice yarns, muy recomendable) para otro proyecto al final la cabra tira para el monte y tuve que repetir el favorito.

No es ni mucho menos igual que el otro (de momento sigo echando de menos el original, para qué voy a mentir), pero es rojo, cómodo, calentito y con lo que crezca con el lavado y el uso creo que será un buen sustituto para mi malogrado jersey.

 

 

La lana que he usado es mucho más fina que la que pide el patrón, de hecho la he puesto triple (!!!), gastando en total algo más de 2.000 metros. Entre esto y los cuatrocientos y pico del bolso de ondas debería estar ya más cerca de mi objetivo pero no es así… Ayer por la tarde me puse a reorganizar mi stash (físico y virtual), a deshacer proyectos que no iba a acabar y a sumar lanas que no tenía metidas (como los bolondros de hacer cestos) y al final el balance es de 29.566 (la primera vez que calculé salieron 31.039 metros)… Mi meta siguen siendo unos “razonables” 25.000 metros así que ahora estoy un poquito más lejos.

Por cierto, esta tarde, además de deshacer UFOs también ha aparecido arrumbiado por las bolsas del pánico un proyecto acabado (desde enero, ejem) y no fotografiado. Como es pequeñito no le vamos a dar entrada propia, pero un huequito en esta sí que se merece, ¿no? Se trata de mi quasi hurricane hat, inacabado porque tejí hasta donde llegó la lana (big delight sobrante de mi segundo inspiracowl). ¿No es genial tejer hasta que se acaba el último centímetro de lana?

¡Feliz lunes lanero!

Sin demasiada vergüenza

Lo malo de disponer de espacio es que personas como yo, con una leve tendencia al diógenes de escala moderada, nos crecemos. Nos crecemos y empezamos a acumular cosas sin apenas darnos cuenta… Mi problema es que el espacio no está en mi piso, sino en el de mi madre, y la pobre ya estaba un poco hasta el sombrero de no tener sitio para nada porque mis cosas estaban literalmente en todas partes: no había ni un armario, ni un cajón, ni un estante, en el que no hubiese algo mío.

Con el tema de la ropa tenía una pelea interna: por un lado me gusta acumular pero por el otro tenía cargo de conciencia, por mi madre, que gracias a mí tenía la casa como un campo de minas y, en general, porque tener un montón de ropa en buen estado que sé que no me voy a poner cuando hay gente que no tiene pues me pica por dentro… Así que dicho y hecho, con hojaldrinas soborné a mi amiga Nerea para que se viniese a casa de mi madre a pasar frío y sacamos bolsas, bolsas y bolsas… ¡y lo que ha quedado! porque para bien o para mal, soy muyu apegada a las cosas y me cuesta deshacerme de lo que significa algo para mí.

A pesar de que pasamos frío fue una mañana de lo más productiva: mi madre tiene más espacio disponible en casa, la ropa que no usaba va a tener nuevo dueño, y yo me encontré un gorro de mis comienzos tejeriles… win-win-win 😀

Suele pasar que la gente, al enterarse de que tejo (¡de que tejemos! estoy segura de que nos pasa a toditos), reacciona diciendo que ellos no pueden/no saben/ no tendrían paciencia/ una vez lo intentaron y les salió un churro…

Nadie nace sabiendo. El gorro, que posiblemente es el primero que perpetré, está tejido con una lana tan sintética que no es que huela a petróleo, es que si se la meto al coche en el depósito estoy segura de que echa a andar… ¿Y por qué iba yo a elegir una lana que no pareciese el contenido estomacal de un payaso muerto? ¿por qué iba a enterarme de cómo se hacía un gorro antes de empezarlo? ¿por qué iba a preocuparme de tejer con la aguja que decía la etiqueta de la lana? ¿por qué, por qué…?

Yo le veía como punto a favor que en caso de avalancha si llevase ese gorro puesto sería la primera persona a la que encontrarían los equipos de rescate. Salva está de acuerdo, pero dice (y no le falta razón) que lo primero que harían sería echarme nieve encima, ¡por hortera!

¡Preparaos para el viaje psicotrópico de mi abominable gorro tóxico!

Si después de esto aún conservais la vista… ¡feliz lunes!

Planes de otoño

Acabada la primera semana de curso puedo decir que he sobrevivido, con mucho sueño eso sí, y con una lista de cosas que he de hacer cada semana que no me la creo ni yo y con una curiosidad relativa hacia los nuevos compañeros (aunque en esto último supongo que es el sueño quien habla).

El semestre pasado me organicé mal, pero mal de cojones, fui de culo prácticamente desde el primer día y así acabé: completamente exhausta, frustrada y bastante enfadada con el mundo (además de deprimida, claro, por eso de los libros de llorar y llorar). Este año he decidido tomar las riendas desde el primer día, empezar a leer, a estudiar, a redactar y, en general, a hacer, antes de que lo pidan en clase. Y es que los profesores serán todo lo profesores que sean, y tendrán toda la experiencia del mundo, pero lo que no tienen es demasiada idea de cómo distribuir la carga lectiva de forma equitativa a lo largo de todo el curso (amén de que parece que se ponen de acuerdo para poner todo lo chungo en los mismos días), así que de esa tarea me encargo yo: yo soy quien marca el ritmo, fuerte al principio y -esperemos- más relajado cuando se acerque el final para poder centrarme en preparar los exámenes tranquila. Cada día empiezo temprano y me he puesto una alarma cañera para avisarme de cuando he de parar.

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Si todo sale como espero los fines de semana en principio serán míos y hasta tendré tiempo libre para ir a grupos de conversación, tejer, y hasta para intentar hacer un voluntariado.

Y mientras, en paralelo a la marabunta académica de marras, sigo tejiendo y bastante, además. En mis agujas, a día de hoy, un jersey, un par de calcetines, un cuello y dos chales (los dos verdes, curiosamente), en mi cabeza muchas ganas de empezar más proyectos y mucha ilusión por acabarlos.

Como este gorrito, totalmente improvisado, aprovechando la lana sobrante de las manoplas de totoro. Para evitar que se formase un escaloncito en el cambio de color las hice en espiral siguiendo este tutorial (100% fan!). Y además rápido a más no poder, por cierto: aprovechando que mi primer día de clase concidió con la visita del (risas) ínclito premio nobel de la paz de 2009 y con el caos absoluto en los transportes públicos, decidí desplazarme andando y aprovechar el camino para tejer… también tejí un poquito durante la charla de introducción (mal, lo sé, pero toda la información era repetida del año pasado y prometo que no me vio nadie). El caso que para cuando llegué a casa tenía un gorro nuevo y para cuando mi chico llegó a casa era él quien tenía un gorro nuevo (aunque no haya querido salir en las fotos!).

Y de bonus, con la poquitísima lana que me sobró, me hice esta cinta para el pelo tan salada.

¡Feliz!

Este otoño va a ser de los buenos, ¡feliz fin de semana! 🙂