¡Abajo la ociosidad!, El síndrome de las manos inquietas, Personal, Personas (y animales) sorprendentes

A vueltas con Sevilla (2)

Definitivamente un día tan bien aprovechado se merecía dos entradas, aunque las publique en el mismo día, con pocas horas de diferencia.

Además de pasear, y comer, y beber, y reírme mucho, mucho, aproveché para estrenar mi vestido nuevo y serle “infiel” a mi fotógrafo habitual 🙂 Y es que, ¿quién puede resistirse a hacerse las fotografías en uno de tantos rincones hermosos? ¡Si es que fue pensar en hacer fotos y aparecer una puerta verde preciosa!

El vestido en concreto es el Twig, de la última Ottobre de mujer (5/2005). Tiene un par de modificaciones: para empezar no le he hecho los bolsillos, como siempre, no necesito dirigir (más) la atención hacia mis caderas, el cuello es más redondeado que de pico, porque lo he rematado con un dobladillo corriente y moliente en lugar de cortar una pieza o un bies o lo que sea. Y la alteración más llamativa es obviamente la de las mangas: no sé qué problema tengo pero me cuesta mucho imaginarme un vestido usando sólo una tela cuando el estampado de ésta es pequeño, así que mangas de contraste 🙂

Ojito, por cierto, que el patrón viene inmenso de cadera, le tuve que meter casi 3 cm por cada lado 😦

Ya que estoy en faena, enlazo la publicación a Rums, ya que es jueves.

Y de la sesión de fotografías, al Bar Dueñas a un rato corto, demasiado cortito, de quedada de punto con no8das. Manolo, el señor del bar (qué suerte tienen con Manolo, madre mía!) vino a preguntarme si era la primera vez que venía… de haber tenido más tiempo le habría contado que soy no8da en el exilio, y que hace tanto tiempo que estoy fuera que soy de las viejas, y de las nuevas a la vez… Lo que más me sorprendió del bar fue la calidez, la sensación de “estar como en casa” que reina en el ambiente y lo bien recibida que se siente una. En este sentido, insisto en el detalle de Manolo, me encantó que me preguntase con una sonrisa si era de las nuevas, una sonrisa como de anticipación, como cuando quieres enseñarle a alguien algo que mola mucho…

¡La penita que me dio fue no haberme podido quedar más rato! El rato que estuve me sentí tan en mi salsa que casi casi pierdo el tren… suerte que tuve con el taxista, que me vio apurada y se dio toda la prisa que pudo.

En fin, espero en las navidades, en primavera, en verano… cuando sea que vuelva a Córdoba, volver a escaparme un diíta a Sevilla y tomarme un café nomadejado, que siempre viene bien.

¡¡Fotos del mini-ratito de quedada no tengo, me enganché a darle a la sinhueso y ni lo pensé!!

Chicas y chicos* de no8das, gracias por ese ratito que eché y, como digo, ¡espero repetir pronto!

* Sí, digo chicos, en plural, porque aunque Jose sea el único no8do que teje, el señor Manolo es no8do honorífico o algo del estilo 🙂

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Cámara en mano, Personal, Personas (y animales) sorprendentes

A vueltas con Sevilla (1)

¡Por fin han llegado las tan deseadas vacaciones de otoño! El año pasado tuve un planazo para esas vacaciones: me las pasé zanganeando en casa, tejiendo horas y horas, y leyendo un libro tras otro de Harry Potter. Fueron unas vacaciones fantásticas pero no demasiado fáciles de repetir, así que para este año tocaba hacer algo distinto y, teniendo una semana entera de vacaciones, lo mejor era montarme en un avión y quitarme de en medio.

Así que me he venido a Córdoba.

Y de Córdoba he ido a Sevilla, a pasear, comer delicioso, beber Cruzcampo (daño colateral), ver amigas y pasar por mi muy añorada quedada de punto.

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Comimos en un sitio más que recomendable, Plato Plató. La comida es magnífica, los camareros muy simpáticos y la cerveza… bueno, es Cruzcampo, no se puede tener todo. En los postres (deliciosos postres) estábamos cuando apareció un señor tocando la guitarra y posando como un profesional para las fotos 🙂

Ha sido un día redondo: por la mañana he estado sola paseando, revisitando mi antiguo barrio, turisteando un poco, dándome algún caprichito para calmar el calor, y viendo cosas que es bastante probable que sólo se puedan ver en Sevilla, como una bailaora de flamenco en plena calle, y un hombre-estatua vestido de Jesucristo con cruz y todo…

Y cosas bonitas, y cielos impresionantes (si hay algo que me fascina cuando vengo a Andalucía son los cielos, no hay duda).

El día no quedó ahí, hubo más, entre otras cosas fotitos de mi último vestido, pero eso… en otra entrada luego un poquito más tarde.

Desvaríos de una mente desocupada, El síndrome de las manos inquietas, La gran aventura sueca, Personal

Arena

Llevo un rato meditando acerca de 2011 y, por más vueltas que le doy, no consigo dar con la de cal, aunque sí veo muchas de arena. Esto se debe en parte a que soy una optimista convencida y en parte a mi memoria selectiva, que hace que los malos recuerdos se borren rápidamente…

Empezó 2011 con mi primer triunfo lanero, que, para ser sinceros, me llenó de expectativas que no se han terminado de cumplir. Así que, primera lección aprendida: no dejar que el triunfo se me suba a la cabeza.

En febrero llegó el primero de los muchos viajes que he hecho este año (para mi estándar, claro). Segunda lección aprendida: en las aerolíneas, como en la vida, “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo“.

Como quien no quiere la cosa llegó marzo y, con él, el tan ansiado momento. Tras una operación más molesta de lo que me esperaba y un post-operatorio bastante aparatoso, llegó el día en que, después de años y años, conseguí dejar gafas y lentillas atrás. Hoy, a nueve meses de la operación, puedo decir que veo como un lince y que no podría estar más contenta. Tercera lección aprendida: para ganar hay que arriesgar.

Abril llegó tranquilo, sin grandes sobresaltos en mi vida, que yo recuerde ahora. Seguía con mi rutina de clases de costura, traducciones, clases particulares, (poco) punto, (no mucho) gimnasio y paseos por la ciudad de la que sabía que en breve me despediría. Cuarta lección aprendida: si algo funciona, mejor dejarlo estar.

Con mayo llegó el calor y, valga la contradicción, recuperé mis ganas perdidas de tejer, de tocar agujas, de sumergirme en lana. Con mayo llegó también la esperanza, en forma de movimiento social, y en forma de entrevista de trabajo para mi otra mitad. Quinta lección aprendida: querer es poder, aunque los cambios grandes precisan de más tiempo y esfuerzo.

En junio puse a prueba mi paciencia tejiendo el archiconocido citron y llegaron las buenas noticias. Fue el principio de la cuenta atrás de unos meses en los que hubo mucho que hacer. Sexta lección aprendida: quien teje un cesto, teje un ciento.

Con julio el calor se hizo insorportable y la situación rayó en lo insostenible para mí. Si ha habido un mes malo este año ha sido julio y precisamente por eso, por el calor que me aletargó hasta lo indecible, y que me hizo relajarme, sentarme, comer y engordar, abriendo las puertas a una batalla que hoy en día sigue siendo encarnizada. Séptima lección aprendida: aún lo más común puede pillarte de sorpresa si bajas demasiado la guardia.

Agosto fue el mes de las cajas por antonomasia. Colocamos, clasificamos, empaquetamos, descartamos, hicimos viajes y viajes a Córdoba y al contenedor de basura, limpiamos y limpiamos rincones que ni sabíamos que estaban sucios. Octava (y quizás más importante) lección aprendida: no al síndrome de Diógenes, lo que acumulas hoy, alguien tendrá que empaquetarlo mañana.

¡Septiembre, oh, septiembre! Instalada en casa de mi madre en Córdoba, el mes de septiembre se pasó como quien no quiere la cosa entre organizar mis cosas, planear mi viaje y aprovechar de una rara coincidencia espacio-temporal para disfrutar de mis amigas como hacía años que no lo hacía. Además a final de mes fui objeto de una fiesta sorpresa con gente de dentro y gente que vino de fuera… Novena lección aprendida: pese a lo que diga mi abuela, se puede y se debe mantener a los amigos.

Con octubre llegó la mudanza, el cambio de aires, el darme cuenta de que estaba definitivamente lejos y que me iba a perder muchas cosas (como un nacimiento muy especial), la primera parte del proceso de adaptación y, aunque hubo malos ratos y lágrimas y enfados, asumo todo eso como parte natural de lo que estoy viviendo y como un mal necesario para llegar a donde quiero. Décima lección aprendida: a quien algo quiere, algo le cuesta.

Noviembre vino con una nueva mudanza, con la sensación de estar realmente en casa y con el descubrimiento de una pasión por la lana que antes no sentía. Seguí descubriendo tiendas y hasta un festival, acumulando y tejiendo, pero sobre todo acumulando. Y seguí luchando por adaptarme a esto, por arrugarme lo menos posible… supongo que no siempre lo conseguí, pero, insisto, es parte el camino. También trajo noviembre unas esperadas elecciones y un resultado no por más esperado menos decepcionante, con pequeña pérdida de la esperanza en la raza humana incluída. Undécima lección aprendida: no hay que volverse loca comprando lana.

Y diciembre, con el frío (pero sin nieve), la oscuridad, y un revés laboral acompañado por un pequeño apuro económico, me trajeron un poquito de tristeza y quizás me dejé hundir un poco más de la cuenta. Pero llegaron las navidades y pude coincidir en España con mucha gente (no con todos, por desgracia), y el sol me dió migrañas pero también energía. Duodécima lección aprendida: always look on the bright side of life (aunque dé migraña).

Bueno, a lo tonto a lo tonto, me ha salido una entrada más larga que un día sin pan 🙂

Propósitos de año nuevo no me hago (¿para qué?), o al menos no los hago públicos para no tener que tragarme mis palabras, pero tengo varias cosillas en mente que espero ser capaz de sacar adelante este año que entra.

Y, a falta de un día y poco para que caduque 2011, os deseo a todos un muy buen año y, como mínimo, que la cosa no vaya a peor (que visto lo visto ya es mucho pedir).

Un beso grande y gracias por haber estado aguantándome 🙂

¡Abajo la ociosidad!, Cámara en mano, Personal

Pues, a mí, me gustan

Polémico a muerte, a finales del mes pasado inauguraron el Parasol Metropol (a.k.a. Las Setas de la Encarnación), y aunque no me voy a meter en tema de coste (desde su concepción inicial el coste se multiplicó casi por dos) y relevancia del proyecto, lo cierto es que a mí me gustan. Me parece una construcción interesante, una seña de identidad nueva que le da vida a una plaza que antes, sin ser fea, no me daba la sensación de ser nada especial…

Podéis leer más acerca del conjunto en su entrada en wikipedia, que, por cierto, ha sido traducida al finés, cosa curiosa 🙂 Y si alguien tiene curiosidad por ver cómo era la plaza antes, he encontrado un par de fotografías aquí y aquí.

A la espera de ser atropellada en un callejón oscuro por un detractor furioso, reciban un afectuoso saludo,

😉

Cámara en mano, Desvaríos de una mente desocupada, Personal

Paseo

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¿Me puedo perder en un camino que ya sé adónde va?

Me voy de paseo, no tengo ganas de nada

(o al menos no sé de qué tengo ganas).

Quiero que los regalos de navidad no sean ni como el pan ni como la leche, y que las cosas salgan rodadas,

sin preferencias.

Y,

sobre todo, quiero seguir siendo así de feliz aunque las cosas no sean fáciles.

Cansada ya de dolores de cabeza y de medicamentos que no terminan de hacer su efecto. Ni puto caso.

Feliz año nuevo 🙂