Antes trabajaba de administrativo en una fábrica de muebles, una empresa no demasiado grande, familiar. Y como en todas partes a veces había picos de producción y andábamos todos (sobre todo los operarios de la fábrica, todo hay que decirlo) como locos, y aún así las veces no salían, o parecía que no iban a salir. En los momentos de crisis se acudía al jefe de fábrica, también familiar, en busca de soluciones: las cornisas no están montadas, esto no ha pasado el control de calidad, el lacado lleva retraso, el pantógrafo no va bien, no hay etiquetas para los muebles*… Su respuesta: “Que se haga”.
A veces me siento un poco como este gran pensador que era mi jefe de fábrica: veo una montaña de lanas y telas en el salón, una señora lista de cosas que hacer sobre la mesa y otras tantas que no están apuntadas en ningún sitio, y me entra el nervio, y me dan ganas de gritar “¡Que se haga!”. Y es que a mí, como al sabio, no es que no me guste hacer cosas, es que me gusta mucho más que estén hechas.
* Esa era una de mis tareas, ains, qué tiempos…
Compré este libro por casualidad, tras el prematuro fin de The Music of Chance en mitad de las vacaciones. Ni había oído hablar de él, ni me atrajo la simpleza de su portada ni las críticas de su contraportada, simplemente vi a una señora alegrarse (casi sentirse aliviada) por encontrar una copia, y me picó la curiosidad.

James Palumbo da una inquietante vuelta de tuerca a la realidad, mostrándonos el esperpento de lo que somos (o la imagen fiel de lo que podemos llegar a ser), en un mundo en el que, como reza la contraportada, sólo existen el sexo y el dinero, y todo gira entorno a la televisión (ShitTV), un mundo surrealista en el que todo vale, sin perder nunca de vista el trasfondo político.
Y la verdad es que la idea me ha gustado, y el libro me hubiese encantado, si no hubiese tenido la sensación de que, en ocasiones, el autor se esconde tras la surrealidad para suplir carencias…
Eso sí, todo parece tan cercano y factible que resulta preocupante (yo, por mi parte, enciendo mucho menos la televisión).
Se describe -precisamente en el relato de La llamada de Cthulhu- como un enorme monstruo con cabeza de pulpo o calamar, con numerosos tentáculos, y abotargado cuerpo de dragón, con sus respectivas alas. Tiene la capacidad de alterar su forma, aunque siempre es básicamente la misma. Su cuerpo escamoso está compuesto de una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, como una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible.
Dos días he necesitado para recuperarme del mercado del domingo… del maratón costurero del sábado, el madrugón adrenalítico del domingo y la paliza de sol, cerveza y calor…
Desde el punto de vista de mi bolsillo se puede decir que ha ido bien, pero claro, era la primera vez, y familiares y amigos me han dedicado más atención de la que esperaba, la verdad.
Y desde mi punto de vista, bueno, la verdad es que he quedado muy contenta, pero no sé si repetiría la experiencia… Ahora mismo no me apetece ni más estrés ni más adrenalina, ni coser por obligación, quiero sentarme a coser, sí, pero no para meter lo que cosa en una bolsa y venderlo, sino para regalarlo, o quedármelo… Bueno, eso es lo que creo ahora mismo, pero con esta mente cambiante que tengo, a saber qué pienso dentro de un par de semanas…
Y para rematar tengo muchas cosas que agradecer y no me voy a quedar con las ganas, a Ana, Mayca y Nerea por apoyarme, a Salva por apoyarme y aguantarme, a Mayca por hacer magdalenas, a mi madre por comprar dulces, a Nerea por hacer tortitas, a Mayca, Nerea, Adri, MJose y Antonio por la maratón, a mi madre por traer el coche, a Mayca, Adri y Nerea por estar allí conmigo, a Salva por dejar de estudiar para estar allí, a Jesús, Adri y Nerea por la granizada de limón, a mi hermano y Lucía, Ana y Paco, Paco, y MJose por comprar cositas, a Ana por el mensaje de apoyo, a Bea por insistirme en participar, a MJose por dejarme un huequito de su mesa y darme una bolsa, a Mayka y la asociación por organizar todo, al chico que cantó por cantar, y a los chicos que desfilaron por lucirse como se lucieron. ¡Gracias!
Mañana voy a participar en un mercado de artesanía. Va a ser la primera vez, y puede que sea la única, o puede que no.
En realidad el resultado no me importa mucho (hasta tal punto me da igual que aún no tengo precios para las cosas, jeje), a mí me gusta hacer lo que hago, me relajo cosiendo e inventando… y objetivamente no sé, pero subjetivamente me gustan mucho casi todas mis cosa, y las que no me gustna mucho, me gustan bastante, y además me divierto, qué más se puede pedir…
He estado muy nerviosa por el tema del mercado, y también un poco agobiada por tener que coser tanto y a contrarreloj… tanto que por momentos he pensado que no merecía la pena intentarlo siquiera. Sin embargo esta tarde ha sido divertidísima (y emotiva, que una es muy sentida), con la casa llena de gente cosiendo, recortando y pegando…
Es una cosa curiosa, normalmente una no queda con amigos para merendar y hacer manualidades. Pero esta tarde, entre unas cosas y otras, nos hemos juntado en casa un grupo curioso, todos dispuestos a echar una mano y a pasárselo bien, y la verdad es que ha sido alucinante… no sé si será porque yo soy muy friki (o rara o lo que sea), pero el caso es que lo repetiría cualquier día, pero sin la presión de tener que terminar muchas cosas (ya sabéis, chicos, cuando queráis, yo pongo mi material ^^).
¡¡¡Gracias!!!
















