Últimamente no escribo casi nada por aquí, estoy pasando una de esas fases en las que parece que voy a cámara lenta cuando el resto del mundo sigue a ritmo normal, así que me he propuesto retomar la diligencia como leitmotiv, a ver si consigo que me vuelva a funcionar… Y es que no es ya que tenga cosas sin terminar, es que tengo cosas ¡sin empezar!
De momento la cosa va mal, porque desde ayer tengo una contractura en el pecho (¡yupi!) que me tiene bastante incómoda, así, sentadita, con la mariquita caliente, amodorrándome yo sola…
Y como lo suyo es plantearse objetivos a corto plazo, sin más dilación me voy a recoger el coche al taller (dolor para mi bolsillo) y de camino al supermercado a hacer la compra. Y si las cosas salen como tienen que salir, algo más publicaré antes de acostarme
¡Ah, las fotos! Las fotos son del primer intento de pintar algo en tela. Como se puede ver el dibujo no es mío (aquí el original, de Banksy) y además no es que esté muy fino, pero yo, la verdad, estoy encantada con el resultado. Me gusta especialmente el globo de fieltro, que como además es un broche, si un día me apetece que la niña lo tenga en la mano, lo cambio de sitio y a correr.
El truco para tener una prenda resultona pintada por nosotros mismos es ponérsela exclusivamente por la noche, y moverse lo más rápido posible cuando la oscuridad no acompañe. xD
Y bueno, ahora sí, ¡me voy a por el coche al taller!
Aunque hace poco que he descubierto Ravelry y el grupo de tejedoras No8das, y sólo he ido a dos de las quedadas, la verdad es que cada vez estoy más enganchada a las agujas (suena mal esto, ¿no?) y tengo una pila importante de cosas en proceso (WIP’s) y cositas por hacer… Si mis cálculos no fallan, lo tendré todo hecho hacia finales de agosto de 2014.
De todo lo que tengo empezado lo primero que quiero terminar es la bufanda de ganchillo que no era para mí pero al final sí lo es, la que deshice cuando ya llevaba un ovillo entero de la lana que vi en otras manos y se me encaprichó… aunque en realidad poca prisa me corre, porque el frío no termina de llegar, y las ganas de ponerme una bufanda las sigo teniendo en el altillo.
Antes trabajaba de administrativo en una fábrica de muebles, una empresa no demasiado grande, familiar. Y como en todas partes a veces había picos de producción y andábamos todos (sobre todo los operarios de la fábrica, todo hay que decirlo) como locos, y aún así las veces no salían, o parecía que no iban a salir. En los momentos de crisis se acudía al jefe de fábrica, también familiar, en busca de soluciones: las cornisas no están montadas, esto no ha pasado el control de calidad, el lacado lleva retraso, el pantógrafo no va bien, no hay etiquetas para los muebles*… Su respuesta: “Que se haga”.
A veces me siento un poco como este gran pensador que era mi jefe de fábrica: veo una montaña de lanas y telas en el salón, una señora lista de cosas que hacer sobre la mesa y otras tantas que no están apuntadas en ningún sitio, y me entra el nervio, y me dan ganas de gritar “¡Que se haga!”. Y es que a mí, como al sabio, no es que no me guste hacer cosas, es que me gusta mucho más que estén hechas.
* Esa era una de mis tareas, ains, qué tiempos…
Compré este libro por casualidad, tras el prematuro fin de The Music of Chance en mitad de las vacaciones. Ni había oído hablar de él, ni me atrajo la simpleza de su portada ni las críticas de su contraportada, simplemente vi a una señora alegrarse (casi sentirse aliviada) por encontrar una copia, y me picó la curiosidad.

James Palumbo da una inquietante vuelta de tuerca a la realidad, mostrándonos el esperpento de lo que somos (o la imagen fiel de lo que podemos llegar a ser), en un mundo en el que, como reza la contraportada, sólo existen el sexo y el dinero, y todo gira entorno a la televisión (ShitTV), un mundo surrealista en el que todo vale, sin perder nunca de vista el trasfondo político.
Y la verdad es que la idea me ha gustado, y el libro me hubiese encantado, si no hubiese tenido la sensación de que, en ocasiones, el autor se esconde tras la surrealidad para suplir carencias…
Eso sí, todo parece tan cercano y factible que resulta preocupante (yo, por mi parte, enciendo mucho menos la televisión).
Se describe -precisamente en el relato de La llamada de Cthulhu- como un enorme monstruo con cabeza de pulpo o calamar, con numerosos tentáculos, y abotargado cuerpo de dragón, con sus respectivas alas. Tiene la capacidad de alterar su forma, aunque siempre es básicamente la misma. Su cuerpo escamoso está compuesto de una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, como una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible.
Dos días he necesitado para recuperarme del mercado del domingo… del maratón costurero del sábado, el madrugón adrenalítico del domingo y la paliza de sol, cerveza y calor…
Desde el punto de vista de mi bolsillo se puede decir que ha ido bien, pero claro, era la primera vez, y familiares y amigos me han dedicado más atención de la que esperaba, la verdad.
Y desde mi punto de vista, bueno, la verdad es que he quedado muy contenta, pero no sé si repetiría la experiencia… Ahora mismo no me apetece ni más estrés ni más adrenalina, ni coser por obligación, quiero sentarme a coser, sí, pero no para meter lo que cosa en una bolsa y venderlo, sino para regalarlo, o quedármelo… Bueno, eso es lo que creo ahora mismo, pero con esta mente cambiante que tengo, a saber qué pienso dentro de un par de semanas…
Y para rematar tengo muchas cosas que agradecer y no me voy a quedar con las ganas, a Ana, Mayca y Nerea por apoyarme, a Salva por apoyarme y aguantarme, a Mayca por hacer magdalenas, a mi madre por comprar dulces, a Nerea por hacer tortitas, a Mayca, Nerea, Adri, MJose y Antonio por la maratón, a mi madre por traer el coche, a Mayca, Adri y Nerea por estar allí conmigo, a Salva por dejar de estudiar para estar allí, a Jesús, Adri y Nerea por la granizada de limón, a mi hermano y Lucía, Ana y Paco, Paco, y MJose por comprar cositas, a Ana por el mensaje de apoyo, a Bea por insistirme en participar, a MJose por dejarme un huequito de su mesa y darme una bolsa, a Mayka y la asociación por organizar todo, al chico que cantó por cantar, y a los chicos que desfilaron por lucirse como se lucieron. ¡Gracias!

















