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:)

17 abril, 2014

La primavera ha llegado pronto y con fuerza este año. Si a esto le sumamos que tengo todo un entorno nuevo por descubrir, creo que es fácil entender mi ausencia.

Aunque el día del gofre (våffel) ya pasó, aprovechando el paseo nos tomamos para merendar este pedazo de ejemplar… y yo aprovecho para ponerle los dientes largos al personal y para contar la historia del día del gofre (våffeldagen), que se celebra el 25 de marzo, es decir, justo 9 meses antes de navidad. Ese día en España es el día de la anunciación, y aquí en Suecia es el día de nuestra señora (vårfrudagen). En sueco de diario las dos palabras se pronuncian parecido (poniendo un poco de nuestra parte, jeje) y ¡tachán! ya es tradición comer våfflar el 25 de marzo.

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Aunque yo lo que quiero comerme es una torrija o, en su defecto, un par de pestiños ;)

Glad påsk!

Síndrome de pánico al stash

3 abril, 2014

Últimamente no estoy especialmente “tejeril”, me apetece mucho más coser pelearme con la máquina de coser y leer, sobre todo leer, así que mis tejis avanzan más despacio de lo habitual. Nada preocupante, son fases, y la de tejer como si no hubiera un mañana ya volverá, posiblemente antes de lo que me imagino.

Hace cosa de un mes escribí una entrada hablando de los kilómetros de lana que tengo en mi stash y se me ocurrió que podría hacerlo de forma más o menos periódica para controlar a qué ritmo va bajando la cifra. Pues bien, el ritmo es nulo, en un mes he pasado de 31.039,1 a la friolera de 30.399,5. No hagáis la resta que ya la hace google, he reducido mi stash en 639,5 m, lo que viene siendo chichinabo.

Ha coincidido además que hoy he sacado las lanas de sus escondites para ordenar un poco y… ¡foto! Sé que no es nada comparado con los alijos laneros de otras tejedoras, ni en cantidad, ni en calidad pero, ¡uf, cuánto me agobia! De hecho todavía no estoy segura de que no haya sido el recuento lanero lo que me ha llevado a entrar en crisis.

Las fotos no son gran cosa porque está nublado y feo pero, aunque hay varias ausencias, ese es mi pequeño cachorrito al que llamo stash. Si alguien pasa por aquí con el mismo síndrome de pánico al stash, agradeceré un comentario solidario ^_^

¡Feliz jueves!

De ratones, gatos y cerdos

31 marzo, 2014

Maus: A Survivor’s Tale (Maus: relato de un superviviente, en español) ha sido el último libro que ha pasado por mis manos.

Como se deduce de la portada es una historia del holocausto, una novela gráfica en la que los judíos son ratones, los alemanes son gatos, los polacos son cerdos (y los franceses, ranas; los suecos, ciervos; los estadounidenses, perros; y los ingleses, peces).

La narrativa se desarrolla en dos líneas temporales distintas: la actual, que recoge las conversaciones de Spiegelman con su padre, Vladek, el difícil carácter de éste y las relaciones entre ambos, así como las circunstancias que envuelven el proceso creativo del libro; y la de las experiencias de Vladek desde su juventud en Polonia hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Los dibujos son tremendamente expresivos, pese a no tener rasgos humanos las posturas, complementos y, sobre todo, los ojos, transmiten  mucho (no hay más que ver la portada).

No quiero contar mucho de la trama del libro: la parte histórica es bien conocida y la parte personal merece la pena leerla tranquilamente. No obstante, me quedo con una página que me pareció especialmente interesante. En ella Spiegelman se reúne con su psicólogo (nótese que en ese momento los dos son humanos con máscara de ratón y Spiegelman no es más que un niño, los personajes cambian según la circunstancia en la que se encuentran) y hablan de cómo Spiegelman siente que por mucho que haga, nunca será nada como lo que hizo su padre, sobrevivir al exterminio judío por parte de los nazis.

La viñeta con la que me quedo es la tercera (segunda de la columna de la izquierda, vaya), en la que el psicólogo afirma:

Sí. La vida siempre se pone de parte de la vida y, en cierto modo, se culpabiliza a las víctimas. Pero ni fueron los MEJORES los que sobrevivieron ni murieron los mejores. ¡Fue ALEATORIO!

Decir que es un libro recomendable es ciertamente decir poco, ¡no en vano fue la primera novela gráfica en recibir un premio Pulitzer!

Y no sólo la recomiendo sino que aprovecho para agradecer a quien me la recomendó, un compañero de trabajo con el que hace años que perdí el contacto. Adrián, sí, tú, el becario de la zona sensual, ¡gracias!

¡Feliz semana!

Ortoedro

27 marzo, 2014

Un ortoedro o cuboide es un paralelepípedo ortogonal, es decir, cuyas caras forman entre sí ángulos diedrosrectos. Los ortoedros son prismas rectangulares rectos, y también son llamados paralelepípedos rectangulares. Vulgarmente se los denomina cajas de zapatoscajas o simplemente se les suele llamar cubo. Las caras opuestas de un ortoedro son iguales entre sí.

Fuente: wikipedia.

Llega un momento en la vida de todo escolar en el que toca sentarse con unas tijeras y un bote de pegamento de barra a recortar y formar poliedros: ¡cubo, cono, cono truncado, tetraedro, icosaedro!

A mí ese momento no me llegó. Bueno, miento, me llegó pero me escaqueé. Llegó la tarde (clases por la tarde, ¡¡soy vieja!!) en que había que presentar los poliedros de papel y yo no los tenía ni hechos, ni empezados, ni había comprado el material ni nada de nada… así que me camelé a mi madre para que me hiciese un justificante para no ir a clase en el que se alegaba que tenía un fuerte dolor de cabeza, y además me la camelé para que me hiciese ella los poliedros. Santas que son las madres…

El tiro me salió por la culata porque por supuesto al día siguiente cuando me personé en el colegio con los poliedros lo primero que me dijo la profesora fue “sabemos que ayer no viniste porque no tenías los poliedros y además esos que traes los ha hecho tu madre” (¡¡maldita bruja!!). Además, estoy convencida de que las migrañas que tengo a veces son mi castigo por haberme inventado un dolor de cabeza como excusa…

A lo que iba, que me disipo. La semana pasada me hice esta bolsita para llevar un proyecto de punto en el bolso, pero no terminaba de convencerme del todo y seguía maquinando hacerme uno más adecuado a mis expectativas, así que ayer me senté en el suelo con mi cuaderno, mi escuadra y mi cartabón y a base de prueba y error me dibujé el patrón de lo que quería hacerme…

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¡Y éste es el resultado! No tiene bolsillos, pero tiene un asa para colgármela del brazo y poder tejer directamente de la bolsa (al menos cuando esté sacando la hebra desde el centro del ovillo).  Lo mío con el color rojo parece una obsesión insana, pero es que en su momento compré un trozo grande de algodón rojo de IKEA, además hice metros y metros y más metros de bies con ese algodón, y para rematar resulta que, al parecer, las cremalleras rojas se reproducen en mi casa porque no importa lo que haga con ellas y que nunca compre, siempre tengo alguna.

Y aprovechando que es jueves… ¡RUMS!

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PD: ¡Se me olvidaba! Quiero dar las gracias a La gatita Fu por mandarme un premio Liebster. En general me dan pereza las cadenas que hay que seguir, ¡pero me hace mucha ilusión haberlo recibido!

Novela gráfica

21 marzo, 2014

Esta semana ha sido de mucho leer y mucho escribir de lo leído: entre lo que tenía pendiente de publicar y lo que he terminado esta semana me ha dado para hacer un pleno, 5 días, 5 libros. Se hace un poco raro, supongo, para los que vienen buscando temas de punto, o de costura, en algún momento he pensado que debería abrir un blog nuevo pero no lo voy a hacer. A mí personalmente me gusta el blog como está, son mis cosas y me gusta tenerlas juntas y, aunque entiendo que alguien vea que me paso una semana escribiendo de libros y decida dejar de leerme porque no le interesa (o viceversa), lo cierto es que prefiero tener un blog un poco revuelto a dos casi abandonados…

Lo que sí procuro hacer es asignar a cada post las categorías que le corresponden, como El síndrome de las manos inquietas o Negro sobre blanco, algo es algo, ¿no?

A lo que iba es a que voy a cerrar la semana con un libro más, en este caso una novela gráfica, My Friend Dahmer, que vi recomendada en el blog de El descodificador y que más que leer prácticamente me he bebido…

Se trata de una narración, desde el punto de vista de un amigo y compañero de clase, de la difícil adolescencia de Jeffrey Dahmer, que acabó convertido en un asesino en serie, el carnicero de Milwaukee, que asesinó y desmembró a un total de 17 hombres y adolescentes.

Supongo que lo primero que me llamó la atención sobre el libro es esa curiosidad morbosa que nos hace quedarnos viendo Crímenes imperfectos, aunque sea truculento y desagradable… Esa curiosidad no duró demasiado, la verdad, lo que me hizo decidirme a ir a la biblioteca a buscarlo (¿he dicho ya que adoro la biblioteca pública de Estocolmo? ¡Lo tienen todo!) fue la curiosidad por ver qué sentía yo (¿empatía, pena, rabia?) al leerlo.

Derf Backderf, el autor, avisa en el prólogo que no se ha de sentir empatía por el personaje, sino, como mucho, pena, y ése es el sentimiento que a mí me ha transmitido (en mayor porcentaje al menos). Aunque Jeff Dahmer estaba desequilibrado y tenía numerosos trastornos, y la responsabilidad de sus crímenes recae obviamente exclusivamente sobre él, la premisa de Backderf es que, si los adultos hubiesen visto o prestado atención a lo que él y otros amigos notaban en Dahmer, a lo mejor la cosa no hubiese sido tan horrible.

Durante los años de instituto Dahmer era un paria, cuyo único medio de “integrarse” (comillas, muchísimas comillas) era ser el payaso de la clase. Hasta tal punto que en alguna ocasión le pagaron por hacer payasadas y entre ellos llamaban “hacer un Dahmer” a imitar sus gestos y frases cuando éste parodiaba bien a su madre cuando tenía ataques, bien a un decorador con parálisis cerebral que trabajaba para la familia.

Poco a poco los compañeros (que realmente nunca llegaron a ser amigos de verdad, sino simplemente “amigoides” o algo así) se dan cuenta de que hay algo que no está bien dentro de la cabeza de Dahmer y lo van dejando de lado. Al acabar el instituto, cuando cada uno marcha por su lado y Dahmer se queda sólo en casa, se puede decir que Jeff Dahmer muere y nace el carnicero de Milwaukee. Ahí es donde acaba el libro.

Mi opinión es que la novela no puede ser más recomendable, empezando por la historia y por cómo está contada, y acabando por las ilustraciones. Yo no entiendo mucho de cómic, pero el estilo del dibujo (mi cabeza quiere definirlo como underground, pero a saber) le da mucha fuerza a la trama, mucha.

Luego, bueno, cada uno es libre de leer lo que quiera, y entiendo que hay gente que prefiere no saber o no entrar en detalle. Para esas personas diré que el libro no tiene violencia gratuíta ni excesiva, que el punto de vista del autor y narrador es el de, creo, una persona que intenta explicarse a sí mismo cómo una persona a la que conoció acabó siendo un terrible asesino en serie. Yo también era de las que preferían no leer según que cosas, o visitar según qué sitios, ahora creo que lo mejor es conocer, mientras más, mejor.

Sabiduría

20 marzo, 2014

“El cuerpo es sabio”

La búsqueda de esta frase, así entrecomillada, en google ofrece nada menos que 155.000 resultados. Quiere decir que el cuerpo sabe lo que necesita y lo pide, sólo hay que saber escucharlo.

Yo no sé si mi cuerpo es sabio y, si me manda mensajes, que sepa que son confusos, porque hasta ahora lo único que me ha quedado claro es que mis niveles de chocolatina en sangre son bajísimos, así como los de cacahuetina y vitamina cheeto… Lo que sí es mi cuerpo es muy detallista, en ocasiones me hace unos regalos que no sé por dónde empezar a agradecerle. El lunes mismo escribí una entrada hablando de las ganas que tenía de leer:

Siempre me ha gustado leer, pero últimamente tengo ansia por empezar y acabar libros y creo que un día de estos me lo voy a reservar para, ahora que puedo, pasarme el día leyendo sin preocuparme de nada más.

Dicho y hecho. Mi cuerpo se encarga de cumplir todos mis deseos, aunque la forma de hacerlo no sea la más elegante… ayer mismo me concedió el honor de contracturarme el cuello para que hoy no sólo pudiera pasarme el día en casa leyendo, ¡sino que apenas pudiera hacer otra cosa!

¿Es bonito, o no, el detalle? Además mi cuerpo tiene contactos (y ha conseguido que no deje de nevar en todo el día, para crear ambiente).

Aprovechando la coyuntura me he terminado A Room of One’s Own (Una habitación propia) de Virginia Woolf. Es un ensayo relativamente corto en el que trata el papel de la mujer como escritora de ficción a lo largo de la historia, analizando las circunstancias que, en las distintas épocas, han mantenido a la mujer alejada de dicha tarea.

No es un libro fácil de leer, pero me he quedado completamente fascinada con la forma de escribir de Woolf, con sus frases complejas y párrafos eternos que no me han dejado desviar mi atención ni un momento. El problema de este ensayo es que para leerlo y disfrutarlo del todo hay que tener una de las tres cosas siguientes:

a) Amplios conocimientos de literatura, especialmente inglesa, pero sin dejar de lado a otros clásicos europeos. Dichos conocimientos no se limitarán a nombres de autores y sus obras, sino también a nombres de personajes y a detalles de la trama de dichas obras.

b) Un ordenador cerca y muchas ganas de pasarse horas buscando sobre la marcha dicha información.

c) Imaginación para deducir a quién/ qué se refiere Woolf en determinadas ocasiones.

Yo me las he apañado con las respuestas a) y c)…

Es un libro que merece la pena, y mucho, leer, y su mensaje, la independencia de la mujer, por supuesto es extrapolable a más ambitos de la vida, no sólo al de la escritura de ficción.

De todos modos (y por suerte) las cosas ya no son como eran en 1929 y muchas podemos elegir a qué dedicamos nuestro tiempo y algunas de las actividades que impedían a la mujer sentarse a escribir, como tejer calcetines o bordar, han pasado de ser obligaciones a fuente de relax.

De vaqueros y segundas oportunidades (3)

Para quitarme la sensación de haberme pasado todo el día sentada en el sofá con la manta eléctrica puesta he aprovechado, por cierto, para hacerme una bolsita que pretendo usar para llevar en el bolso un proyecto de punto pequeño, como un calcetín o similar, para esos ratillos tontos en el tren o esperando a alguien :)

La confección no puede ser más simple, dos capas externas y una interna para el bolsillo, todo pespunteado y el pespunte rematado con un bies en rojo, para que se vea bonito por dentro y por fuera sin tener que forrarlo!

Las fotos no son muy bonitas, pero no queda luz y no tengo ganas de esperar a mañana.

Bien mirado, creo que me gusta más por dentro que por fuera… igual va a ser cosa de cambiarle la cremallera, ¿no?

Y con esto y un bizcocho, a RUMS un jueves más :)

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Cosmopolis

19 marzo, 2014

Pasar de una narrativa como la de Por quién doblan las campanas a la de Cosmópolis no fue fácil. Intenté empezar el segundo libro el mismo día que acabé el primero, pero me fue imposible. En la novela de Hemingway las palabras fluyen, gracias al narrador omnisciente recibimos información de todo, de los personajes, sus pensamientos, el contexto… todo. Es en general una historia fácil de leer, con un estilo que yo, elegantemente, denomino “to p’alante”, es decir, sin giros temporales retorcidos, sin omisiones de importancia…

Sin embargo Cosmopolis, de Don DeLillo, es muy diferente en este sentido. El punto de vista del narrador es el del Eric Packer, el multimillonario protagonista y la información la recibimos en el mismo momento en que la recibe él, con la diferencia de que no sabemos de antemano las cosas que él sí sabe.

El multimillonario en cuestión se levanta una mañana y decide que es el momento de cortarse el pelo. Para ello se desplaza en su limusina-oficina-sala de estar-cuarto de baño (lo tiene todo la limo!) hacia otra parte de la ciudad. Durante el viaje, que dura lo que dura la novela, se encuentra con una manifestación anticapitalismo, atascos por la visita del presidente, el funeral de su rapero preferido, además recibe la visita de su médico, de varios de sus empleados, echa un par de polvos, y se entera de que es objetivo de una “amenaza creíble”… todo ello, sin dejar de trabajar.

Me ha parecido un libro difícil mientras lo leía y la verdad es que me ha costado lo mío terminarlo, pero ahora, con la perspectiva del libro acabado, creo que es un libro que merece la pena leer. El final es un poco abierto, ambiguo, y me ha dado pie a echar un buen rato pensando en la sociedad actual, que siempre viene bien.

:D

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